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lunes, 5 de febrero de 2024

Reseña: Grr de Atami Michinoku

 "¿Qué habría pasado si lo hubiera conocido en otras circunstancias?"


FICHA TÉCNICA

Título original: Grr 

Autora: Atami Michinoku (en japonés みちのくアタミ  )

- Editorial Española: Arechi Manga

- Editorial Japonesa: Kasakura Shuppansha

- Tomo único publicado en la revista Placebo de la Editorial Kasakura Shuppansha. Salió originalmente a la venta en Japón en el 2022

- BL, erótico, mxm romance, abuso, slice of life, age gap, prostitución, dirty talk, sexo explícito con censura

- Traducción: Meritxell Sans

- Páginas: 244

- Precio: 9'95€

- Ya a la venta


SINOPSIS

Nakaaki Tsukishiro, un exitoso empleado de la inmobiliaria Cosmos, tiene un segundo trabajo que mantiene en secreto: es escort a domicilio dos o tres veces por semana. Cierto día, este trabajo le lleva a conocer a Yuki, un joven muy atractivo. Aunque su comportamiento le cabrea, Nakaaki intenta ser agradable. Sin embargo, Yuki le dice que le va a robar su primera vez y le hace correrse siete veces solamente con estimulación anal... Nakaaki va a conocer ahora un mundo diferente para el placer.

Lamer, meter, comer... ¡Un chico más joven e insolente le enseñará sobre los instintos y el placer!


OPINIÓN PERSONAL

Atami Michinoku es una de mis mangakas de BL erótico favoritas, autora que he podido leer gracias a que en otros países llevan tiempo apostando por ella, gozando de su magnífico dibujo, sus escenas sexuales y de sus personajes. Al fin, gracias a Arechi, esta grandísima autora ha llegado a España y lo hace con un tomo único muy erótico, aunque no para todos los gustos, titulado Grr que, si bien no es la mejor obra que he leído de la sensei, me ha gustado mucho y la he gozado de principio a fin porque romper con el estereotipo del cliché de la violación sin blanqueamientos y con un buen arco de redención. 

¿Es posible volver empezar después de haberla cagado pero bien?

Nakaaki Tsukishiro trabaja como jefe en una inmobiliaria, es el superventas de la empresa,  y vive sin problemas de dinero. Este hombre casi en la cuarentena, guapo y sexy, tiene un secreto: trabaja como escort bajo el nombre de Shû unas dos o tres veces a la semana porque le gusta, y así puede follar sin ataduras. 

Siendo el número uno en la profesión, y en su papel de dominante, una noche, como cualquier otra en la que lo solicita un cliente, va al encuentro del joven y guapísimo Yuki, un muchacho con unas facciones delicadas y bellísimas y una anatomía cincelada por los mismísimos dioses del Olimpo siguiendo la proporción áurea. A pesar de su apariencia delicada, Yuki se muestra insolente y arrogante con Nakaaki, preguntándose si será verdad todo lo que se dice de él sobre sus artes amatorias. Más que dispuesto a demostrarle sus técnicas de cama, Nakaaki no espera el giro de los acontecimientos cuando el angelical Yuki lo esposa en la cama y se pone sobre él confesándole lo que verdaderamente desea: desvirgarlo por el culo y tomar su primera vez. 

Nakaaki, intentando resistirse, pero incapaz de lograrlo por estar esposado, no puede evitar sucumbir ante el placer de esos dedos que le están dilatando su estrecha entrada llenos de lubricante, esos dedos expertos que parecen conocer los secretos más ocultos de esa zona de su cuerpo. Erecto, con el pene goteando, Yuki finalmente lo penetra y le hace gozar como nunca antes nadie ha logrado, haciendo que Nakaaki se corra siete veces simplemente embistiéndolo por detrás como un animal, como una bestia hambrienta y lujuriosa. 


Terminado el acto, con un Nakaaki confuso por haber sentido placer en una situación para nada de su agrado, forzada y abusiva, amenaza a Yuki con vetarlo de la empresa por lo que acaba de hacerle. El joven, impasible, imperturbable, le dice que puede hacer lo que quiera y le deja claro que sabe quién es y donde trabaja. ¿Por qué Yuki le ha hecho esto? ¿Qué es lo que quiere de él?

Con la sartén por el mango, conociendo la verdadera identidad de Nakaaki, Yuki se presenta en su curro como una sombra amenazante que le recuerda que podría hacerle perderlo todo, lo volverá a llamar y será entonces cuando le confiese a Nakaaki por qué está actuando así y lo que pretende conseguir realmente follándoselo: que deje de ser escort por ser incapaz de follarse a nadie después de haber probado la miel de que te la metan por el culo. Pero, cuando Yuki descubra que ha estado equivocado y que ha descargado su rabia, dolor y frustración contra la persona equivocada, sintiéndose miserable por haber actuado sin pensar, movido por la peor parte de sí mismo, querrá disculparse a como dé lugar y resarcirse del mal que le ha hecho a Nakaaki. Será a partir de ese momento que ambos protagonistas comenzarán a pasar tiempo juntos y a conocerse de la forma más normal y mundana del mundo: comiendo y bebiendo juntos. ¿Podrá una relación basada en el abuso, malograda desde un inicio, tomar un nuevo rumbo en el que se puedan perdonar los errores del pasado?

Siendo la erótica el punto focal de Grr, Atami Michinoku nos presenta una historia bastante cliché y típica con age gap protagonizada por un hombre casi en la cuarentena que se dedica a prostituirse por hobby, y para poder tener sexo sin ataduras, y un joven de unos veintitantos años que quiere que deje ese trabajo y la única forma que se le ocurre, cegado por la rabia y la frustración, es obligándolo de la peor forma posible: haciendo que sea incapaz de encontrar placer siendo el dominante.  

La historia de Grr empieza de la peor forma posible: con la violación de uno de los protagonistas por parte del otro y que, obviamente, será el interés amoroso de la victima. Si bien este tipo de historias están ya muy manidas, y en donde suelen siempre blanquearse esas conductas tóxicas, en el caso de este tomo único, Atami Michinoku sabe llevar muy bien este inicio fatal entre los protagonistas y hacer que su relación evolucione y vaya hacia ben puerto con un muy arco de redención en donde se recalca todo el rato quién es el agresor, quién es la víctima y en donde no se olvida ni se blanquea lo sucedido. 

Basándose todo en un malentendido y en lo que es capaz de hacer alguien herido y frustrado, pensando ser poseedor de la razón y el derecho de hacerlo, Atami Michinoku nos presenta a Yuki, un joven que, todavía sin mucha experiencia en la vida, decide actuar contundentemente contra Nakaaki, un hombre mayor, con más experiencia vital, que trabaja de escort y al cual detesta por una razón que, para él, es vital. Nakaaki, ajeno a esto, cae en las redes de Yuki y, al estar amenazado, le sigue la corriente hasta que descubre los motivos del joven y no puede evitar sentir pena por él, empatizar por lo mal que lo está pasando y aceptar sus razones. Ante esto, cuando Yuki le pide perdón, no duda en hacerlo por mucho que Yuki no quiere ser perdonado tan fácilmente por Nakaaki. Arrepentido hasta el tuétano, el chico hará hasta lo imposible por poder quitarse esa espina que lo está devorando. Y es que, cuando cometemos errores, realmente necesitamos el perdón para poder quitarnos ese horrible sentimiento de culpa, uno que te va carcomiendo porque hemos sido injusto con alguien que no lo merecía. Y es que, en realidad Yuki no es solamente un chaval descarado y arrogante -como lo vemos en un principio de la obra-, siendo que realmente es un joven dulce, atento y divertido a quien le gusta cuidar de las personas que le importan y que se implica mucho en una relación. Nakaaki no podrá resistirse ante su insistencia, a sus atenciones, al tiempo que pasan juntos y a esa mirada llena de lujuria cuando lo toca. Por su parte, Yuki sucumbirá a la amabilidad de Nakaaki y  a su comprensión. 


Mostrando una química impresionante entre los protagonistas desde un inicio, y maravillando la vista del lector con su arte detallista y la creación de guapísimos hombres con proporciones de ensueño, Michinoku ha creado una historia complicada, difícil de digerir para algunos, y visualmente maravillosa, cargada de tensión sexual, sexo explícito explosivo y un buen arco de redención y de acercamiento consensuado entre los protagonistas después de un inicio peliagudo. Todos podemos cometer errores, lo bueno es ser capaces de verlos, arrepentirnos y poder ser capaces de perdonarnos a nosotros mismos y demostrarle a la otra parte que somos conscientes de que hemos actuado mal y de que estamos sinceramente arrepentidos. 

Ciertamente, y no solamente me ha pasado con esta obra, las escenas sexuales que dibuja Atami Michinoku son tan deliciosas, maravillosas, y las narra de una forma tan erótica que, a pesar de saber que está mal, el lector disfruta de ellas (sabiendo que estamos ante una obra de ficción y siendo conscientes de que lo que estamos leyendo está mal. La propia mangaka lo sabe y lo dice en las palabras finales). Vamos que no es nada malo tener guilty pleasure en este tipo de obras, no nos hace peores personas por disfrutar de las obras turbias, de las actitudes tóxicas al igual que hacen sus protagonistas. Porque uno de los cliché típicos del abuso es que la parte abusada disfruta a pesar de todo, y siente un placer que lo obnubila y le abre nuevos horizontes (como es el caso de Nakaaki). A pesar de todo esto en Grr siempre se nos recuerda que eso está mal, siempre sabemos quién es la victima y quién es el agresor y creo que eso es positivo. Es decir: ya me parece bien que haya historias turbias, que se tomen actitudes o actos que debemos erradicar socialmente del mundo real y realmente, dependiendo de la historia, hasta me da igual si se blanquea, para eso es ficción y yo sé diferenciar una cosa de la otra. Pero cuando no es así, cuando se recalca que se ha hecho algo malo, y se marca la diferencia entre victima y agresor, me gusta mucho más. 

La edición de Arechi es tal cual la japonesa: tomo de tamaño b6, con sobrecubierta mate y el título de la obra en relieve, una página inicial a color y las páginas cosidas. La impresión de las viñetas es muy buena, todo se ve nítido y la rotulación está muy bien: todo se lee sin dificultad gracias a las tipografías escogidas. La traducción me ha parecido muy acertada por parte de Meritxell Sans, sobre todo en los momentos de boca sucia que tiene Yuki en el inicio de la obra durante las escenas de sexo. La única pena es que tengamos la censura japonesa y que no se hayan podido conseguir materiales sin censura ya que Atami Michinoku dibuja increíble la anatomía masculina (las pollas, hablando en plata) y que sea sable láser hace que haya un par de escenas que no se acaben de apreciar bien y todo sea un borrón blanco, perdiéndose lo que la autora realmente quiere mostrar al lector. Aún así, es imposible no disfrutar de la erótica de la sensei, siendo capaz de trasmitir la pasión, el deseo y el placer en cada uno de los trazos de sus personajes. 

En resumen: sin ser mi obra favorita de Michinoku (por si os interesa, mis favoritas son Caligula no koi y Adam no Rokkotsu), la he disfrutado mucho y es que sensei nunca me defrauda y siempre hace cosas que son de mi agrado y que nunca sobrepasa mis límites (que los tengo, aunque hasta llegar a ellos tengo un buen margen). Si no habéis leído nada de Michinoku y os gustan las historias eróticas donde no todo es color de rosa o blanquito, historias simplemente para disfrutar que no buscan nada profundo ni nada que te cambie la vida, una historia que, aún así, se sale un poco del típico cliché y con buenas dosis de sexo del bueno, seguramente la gozaréis igual que yo. Ya por el simple hecho de tener ese dibujo, Grr os va a fascinar.   


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