«No ha dejado de proteger siempre a la misma chica. Aunque, bueno, su forma de hacerlo ha confundido a muchos».
El verano ha llegado y los corazones de Uka y Kai vivirán encuentros inesperados… ¡Y su amor no para de crecer! Descubre el tercer tomo del romance más efervescente de Japón.
El verano ha llegado. Uka y sus amigos van a pasar el día en la playa. Pese a encontrarse en un lugar ameno y divertido, la chica se topa con alguien a quien no quería ver... Mientras tanto, Kai le dice a Serina, su exnovia, ¡que tienen que hablar!
Sumando momentos irremplazables... ¡Nuestros protagonistas se sumergen de lleno en un verano esplendoroso!
- Lee la reseñas de los volúmenes anteriores
- Gracias a la editorial por el ejemplar de prensa para su lectura y reseña
ANÁLISIS DEL VOLUMEN
«Si me necesitas, acudiré al momento. Acuérdate de mí el primero».
Porque Uka no ha tenido amigos hasta ahora y está aprendiendo qué es socializar y hacer amigos de su edad gracias a Miura. Aunque no solo ha sido por su apoyo, sino que también es gracias a ella misma por salir de ese lugar solitario en el que se había refugiado desde que comenzaron a acosarla. Y este es uno de los motivos, además, por el que Uka no quería ir a la playa: por si se encontraba con sus acosadores. Pero ahora eso ya no le importa, o al menos eso pensaba hasta que tiene a dichos personajes frente a ella y no sabe qué hacer. Pero hay una cosa que Uka tiene clara y es que no piensa echar a perder todos los avances que ha hecho desde que está en el instituto Hachimitsu. Por ello, y sacando ese valor que Miura sacó a relucir en ella, Uka es capaz de hablar con ellos y no huir ni escapar por miedo.
«Me defendiste para que Uka no se viera involucrada, porque no querías que le pasase nada malo, ¿verdad?».
El verano, el cual sigue su curso, hace que Uka esté experimentando episodios que ni siquiera se había permitido soñar. Ya no solamente es el ir a la playa, sino el mensajearse con sus amigas y, con ello, conocerlas más. Y aunque a la joven le gustaría poder volver a sacar esa valentía suya para pedirles quedar..., puede que Uka necesita algunos episodios más para entrenarse cual RPG y ganar más puntos de confianza.
Pero la confianza no juega ningún papel cuando la casualidad y el destino sí que lo hacen y te encuentras con el chico que te gusta así, de sopetón, y tienes, sin quererlo, una especie de cita-quedada (¡lo que sea!) y siente que se une un poquito más a Miura; que ve facetas suyas que no muestra a menudo, como esa dulce e inocente sonrisa que dibuja a veces.
Las cosas dan un giro cuando el padre de Uka malinterpreta a los compañeros de clase de su hija y lo que significa para ella estudiar en el Hachimitsu.
«¿Tú crees que estoy traicionando a mi padre?».
Gracias a Kai, Uka siente que está creciendo, que su mundo, antaño muy pequeño y limitado, se está expandiendo. Pero ese mundo que ella ha estado habitando hasta hace poco era el que transitaba a causa de la sobreprotección de su padre, una que había hecho que mantuviera en secreto el acoso sufrido en secundaria y que engañara a sus progenitores sobre su día a día en el instituto.
Ahora, con amigos reales, saliendo de esa zona en la que había estado encerrada, el padre de Uka siente que la joven está saliendo de esos límites y que se aleja de él. Y aunque eso es lo que significa crecer y madurar, el buscar tu camino, Uka siente que tal vez está traicionando a su padre, uno que solamente ha querido su bienestar y el mejor ambiente para ella. Aunque eso no fuera realmente así, tal vez Uka esté siendo egoísta al poner por encima de los de su padre sus propios sentimientos y olvidando la otra parte.
Estas dudas y los complejos sentimientos que está experimentando se acentúan cuando su padre, malinterpretando varias situaciones y habladurías, decide que Uka no debe seguir yendo a un cetro que no considera adecuado ni a la altura; un lugar en el que parece que la está acosando, para más inri. Y aunque eso no es verdad, Uka no es capaz de hacer que su padre la escuche. ¿Qué puede hacer para evitar que la saquen del único lugar en el que se siente aceptada?
«Mi mundo, el que has protegido tanto durante estos quince años, es minúsculo».
Yendo por primera vez a la playa con sus amigos, intercambiándose el número de teléfono con sus amigas (¡hasta logrando conseguir el número de Miura!), Uka al fin siente que, aunque poco a poco, está cambiando y avanzando para dejar de ser la piedra a la que todos ninguneaban y se burlaban a una Uka fuerte y segura que no está dispuesta a dejarse pisotear, aunque eso no signifique perder su bondad e inocencia que tan bien la caracterizan.
Dándose cuenta de que su mundo es minúsculo, de que casi no sabe nada y de que cada día descubre cosas nuevas, Uka sí que siente que es más independiente y de que no depende tanto ni de Miura ni de sus padres para poder solucionar sus problemas o las dificultades de la vida. Pero el hacerse fuerte tal vez signifique herir y traicionar los sentimientos de su padre, alguien que siempre ha sobreprotegido a su hija y que esto, en vez de ser algo bueno para ella, solo le ha ocasionado problemas y que la gente se alejara de ella y que la propia Uka se cerrase en sí misma, dejando encadenando ese valor que siempre ha tenido dentro.
«Lo único que puedes hacer es protegernos a todos».
Ahora que su padre ha decidido que el Hachimitsu no es el lugar que a ella le conviene para poder formarse en sus estudios, Uka no sabe qué hacer para hacerle comprender que eso no es así, que ella es feliz y que es ahora cuando realmente está disfrutando de ir al instituto y de tener amigos y amigas que la quieren y que consideran que forma parte de ese lugar.
Pero para esto está Kai Miura, el chico que siempre la ha ayudado y apoyado desde el principio y que la sigue empujando para que crezca, siendo un compañero que no actúa o decide por ella, sino que la ayuda dándole consejos u opiniones. Y lo repito, este factor es lo que más me gusta de Honey Lemon Soda. Porque además de tener a una protagonista realmente fuerte, pero que necesita salir de la prisión protectora que ella misma ha construido, no tenemos a un chico protagonista que salva a la princesita de turno y que la anula completamente, sino que él es solamente un apoyo, alguien en el que Uka puede apoyarse para poder levantarse después de caerse. El cómo se levante es cosa de ella, es ella misma la que debe sacar las fuerzas para hacerlo si no quiere volver a caer en el pozo del que está a punto de salir.
Kai está ayudando a Uka a crecer y a valerse por sí misma, haciendo que la joven sea cada vez más fuerte e independiente, cosa que no quita que siga necesitando a Kai cuando se vea en una encrucijada, pero esto hace que ella también se sienta con las fuerzas necesarias para ser perseverante y ser la que ayude a otros de ser necesario.
Y esto es lo que pasa en la parte final del tomo.
Honey Lemon Soda no es solamente la historia de Uka, también lo es de Kai (y de los secundarios, ojo), así que ya iba tocando que Mayu Murata empezara a mostrarnos cosas del rubio misterioso, popular y rodeado siempre de gente pero del que nadie sabe realmente nada.
Sin saber mucho sobre él, aunque Uka le debe mucho a Miura, siente que no lo conoce en absoluto. Aunque no es algo que sea por ser ella, hasta la propia Serina o Ayumi no tienen ni idea de en qué está pensando o qué esconde en la mirada infinita y triste que pone a veces.
Por eso, y cuando unos comentarios incisivos sobre Kai hacen mella en Uka, la joven decide investigar a qué se referían realmente y qué es lo que hace Kai por las noches, máxime cuando el joven le prohíbe que lo siga al almacén donde suele echarse la siesta. ¿Por qué de repente Kai dibuja una clara y contundente línea roja entre ellos?
Sin perder la esencia de un romance adolescente dentro de la demografía femenina (el cual suele estar enfocado distinto a lo que se publica en revistas de demografía masculina), Honey Lemon Soda sabe mantener un equilibrio entre la seriedad y la complejidad en temas mundanos y el romance de sus personajes principales. Por ello en este tomo seguimos encontrando clichés románticos y momentos en los que te late más fuerte el corazón o te dan ganas de gritar cuando los dos protagonistas se acercan (como todo buen slow burn).
El modo de narrar, además, es ágil, para nada pesado y el lector devora los capítulos sin darse cuenta. El dibujo no solamente es bonito, también lo es la forma en la que la autora transmite las emociones. Es más, las ilustraciones en blanco y negro que encontramos al final o al inicio de cada capítulo me flipan. Sobre todo porque hay muchos elementos metafóricos en ellas. Como en esta que os dejo aquí. Me gusta que Murata use al ciervo como animal de Uka, ya que el ciervo es un animal al que siempre se le ha cazado, que se le persigue y que a las crías se las relaciona con la debilidad. Porque un cervatillo puede ser débil, pero cuando crece y le sale la cornamenta... Agüita.
Con mucho todavía por contar y desarrollar, Honey Lemon Soda se ha vuelto en una de mis lecturas favoritas, de confort y que me habría encantado poder leer en mi adolescencia, ya que tiene muchas cosas que me habrían ayudado en ese momento de mi vida en los que necesitaba algún consuelo en los momentos malos. Aunque en realidad ninguna historia tiene edad, y un adulto puede leer de todo, así que qué importa disfrutar ahora de esto.
Lo importante es encontrar una obra que nos dé todo aquello que necesitamos en ese momento y en Honey Lemon Soda siempre encuentre ese algo.
.jpg)



.jpg)



Comentarios
Publicar un comentario