sábado, 30 de noviembre de 2019

Reseña: Corvus Corax de Bruno Puelles

"Acabaste con mi vida, pero no me mataste."


FICHA TÉCNICA
- Autor: Bruno Puelles
- Editorial: Wave Books Editorial
- Sello: Wave Gold
- Novela corta
- Fantasía, hadas, magia, fábula
- Portada: Karol Scandiu 
- Extensión: 100 páginas
- Precio: 9€ (en papel) y 1'99€ (e-book)
- Ya disponible en Amazon tanto en papel como en e-book y en Lektu

- Muchas gracias a la editorial por el ejemplar electrónico. 

SINOPSIS:

Todas las hadas saben que los cuervos solo ponen huevos negros muy de vez en cuando: de ellos nacen aves extraordinarias, capaces de ver el futuro.Robar uno de estos huevos es un sacrilegio; romperlo, es un pecado inconcebible

OPINIÓN PERSONAL:

Hacía muchos meses que no leía una novela con el sello Wave Books Editorial detrás y, la verdad, es que no podría haber elegido mejor título para retomar todas las que tengo pendientes: Corvus Corax, la última novedad del sello de fantasía y ciencia ficción Wave Gold.

Corvus Corax nos traslada a un mundo de fantasía. Alvar, nuestra protagonista, es una joven hada que está muy orgullosa de su capacidad para volar. Ninguna otra hada lo hace tan bien como ella. Pronto se celebrará la Marcha de las Luciérnagas, un ritual que hacen todas las hadas adolescentes para pasar a la edad adulta y conseguir, así, la inmortalidad. La joven, que suspira por el hada Nidhug, le pide que sea su acompañante durante la marcha. Pero este le impone una condición: si quiere que la acompañe, deberá traerle un huevo negro de cuervo intacto. Alvar acepta el reto y decide ir a por el huevo de cuervo negro y es entonces cuando se precipita hacia su perdición.

En poco más de cien páginas Bruno Puelles nos teje, narrando en tercera persona, un cuento de hadas diferente a lo que estamos acostumbrados, y más si hay hadas de por medio. Con toques oscuros, estamos ante una novela con mucho trasfondo y situaciones (así como mensajes) que nos trasladan a nuestra realidad, dejando una línea muy fina entre la ficción y la fantasía, diluyéndose ambas en un cuento triste, sufrido y bastante duro. Vamos que no estamos ante una historia de fantasía porque sí, sino que Corvus Corax lleva al lector un poco más allá.

Los errores se pagan muy caro y Alvar lo sufre de primera mano y el lector con ella.  

En Corvus Corax nos topamos con la cara más oscura de las sociedades complejas. Puelles nos muestra la crueldad de la sociedad, la de las personas, cuando alguien pierde aquello que le hace formar parte de ella. Ni los lazos familiares ni las amistades importan cuando estas fuera, cuando pierdes tu "identidad" (o lo que se considera identitario para formar parte de un grupo).

Soledad, frustración, pero también la voluntad de seguir adelante, de integración... Alvar luchará sola y sin descanso para seguir formando parte del mundo de las hadas, un mundo que no es tan bonito como alguien puede pensar en un principio.

La prosa utilizada por el autor es muy amena, enganchado al lector a las pocas páginas por el buen uso del taiming narrativo, y es capaz de transmitir muy bien los sentimientos de nuestra protagonista. Además, la sociedad mágica que Bruno Puelles ha creado en Corvus Corax, así como otros elementos fundamentales de la trama, está muy bien lograda y es sumamente interesante.

En conclusión, nos encontramos ante una novela corta de fantasía que, en un primer mometo, se nos antoja como un cuento de hadas, pero que evoluciona a un cuento más oscuro, llevando al lector a reflexionar; a pensar algunas cuestiones y a crecer y evolucionar entre sus páginas junto a Alvar.


NOTA: 3'75/5



 
  

sábado, 23 de noviembre de 2019

Reseña: Strawberry Moon. La hija de la luna de Laia López

"El hecho de no haber visto algo no significa que ese algo no exista."

FICHA TÉCNICA
- Autora: Laia López
- Editorial: Destino Infantil & Juvenil. Grupo Planeta.
- Primera parte de una bilogía
- Fantasía, juvenil, sirenas, magia, misterio 
- Novela gráfica
- Páginas: 192
- Precio: 15'95€

YA A LA VENTA

SINOPSIS:

¿Y si aquello que habita en las leyendas existiera en la realidad?

Eiden cree haber visto algo brillante y misterioso al fondo de la laguna...
Diana no es una sirena cualquiera. Es hija de la Luna y siempre ha vivido en soledad. Ahora acaba de superar el examen al que se someten las sirenas que deciden dejar atrás la laguna y vivir en la superficie. ¿La regla número uno? Que ningún humano descubra su identidad. No cumplir esa regla significa poner en peligro la vida de todos los tritones y sirenas del planeta...

En el campus universitario, Diana compartirá su día a día con otros seres de su especie, como Mako y Edlyn, pero también con Eiden, un chico tímido por el que sentirá una inexplicable curiosidad. mientras tanto, en la universidad no dejan de ocurrir cosas extrañas: cada vez hay más alumnos que desaparecen sin dejar rastro, y otros parecen poseídos por una fuerza oscura. 

Las sirenas tendrán que descubrir lo que está pasando, bajo la atenta mirada de Eiden, cuyos sentimientos por Diana crecen con tanta fuerza como la sombra de una sospecha... su amiga esconde un gran secreto que podría cambiarlo todo.     

OPINIÓN:

Hace tiempo que sigo a Laia López por sus redes sociales ya que considero que es una de las mejores artistas de nuestro país. Así que, cuando anunció que sacaría una novela gráfica realmente me puse muy contenta, máxime cuando vi que trataría de sirenas pues esos seres fantásticos son mi debilidad (junto con los dragones). 

Como muy bien se nos dice en la sinopsis, Strawberry Moon nos cuenta la historia de Diana, una sirena que ha logrado  salir de la laguna hacia el mundo de los humanos para vivir entre ellos y Eiden, un chico que estudia arquitectura y que vive con su hermana Liv, la cual regenta el café Ondina. En esta nueva vida de humana que tendrá, Diana no estará sola. Con ella estarán sus dos mentores, Lucas e Isla, que hace años que están integrados en la sociedad humana y Mako y Edlyn, dos sirenas más que estudian en el campus. 

Pero no todo es tan fácil como parece ya que salir de la laguna y lograr mezclarse con los humanos de la superficie está condicionado por un examen que hay que superar. Y, sobre todo, cumplir toda una serie de normas para que los humanos no descubran a las sirenas que viven bajo el agua. Pero, pese a saberlo, Diana no puede evitar sentirse atraída por Eiden, un chico tímido y de buen corazón que tampoco puede dejar de pensar en Diana desde el primer instante en que la vio. 
Diana y Eiden

Aunque hay algo más: no dejan de desaparecer alumnos en el campus que, una vez regresan, ya no parecen ser ellos mismos. ¿Qué está ocurriendo? ¿Qué es esa maldición que parece haberse asentado en el lugar? ¿Podrán Diana, Mako, Edlyn, Lucas e Isla hacer algo?

Antes que nada, quiero decir que estamos ante una novela gráfica que combina a la perfección tanto el texto narrativo como las ilustraciones, algunas de las cuales son páginas en que lo que se nos describe también está expresado en formato cómic. Por lo tanto: ESTO NO ES UN CÓMIC. Lo digo porque ya he visto a bastante gente confundida que creía que sería un cómic y no una novela. Pues bien: no es ni una cosa ni la otra sino una fusión de ambas. 

Y una fusión que, a mi parecer, es la más adecuada y que se equilibra perfectamente con una prosa muy sencilla. Porque tampoco es necesaria una prosa rimbombante para contar una buena historia y que, de este modo, se hace más amena y no le pide al lector estar concentrado al cien por cien en la lectura. La vedad, debo confesar que cada vez que llegaba a casa a las tantas de la noche y quería desconectar de un día intenso en la universidad. Coger Strawerry Moon era un bálsamo de paz. Porque, además, va directa al grano y no se extiende en momentos innecesarios sino que avanza con presteza y solamente en los momentos clave la autora se extiende más. Y eso se agradece.  

Como también se agradece el mundo mágico que ha creado y a sus personajes. 

Creo que la mayor virtud de este libro son, más que su trama, sus protagonistas. Porque hay más de uno. Sí, vale, Diana y Eiden son los claros principales pero también tenemos a las demás sirenas y tritones y Laia nos habla de ellos. No solamente nos cuenta la vida de los principales sino también de estos secundarios con gran peso en la historia y que son tan diferentes entre ellos. Cada una de las sirenas tiene su personalidad, sus aficiones, sus temores, sus manías... pero a los cinco les une un vínculo que va más allá de la especie. Vínculo de amistad de la de verdad.  

Porque sí, ya sé que he dicho que la trama es sencilla (vamos que no es una cosa enrevesada que parece hecha por un matemático con mala uva), pero lo que le da complexidad a Strawerry Moon, bajo mi punto de vista, son los temas que subyacen en cada uno de sus personajes. Strawerry Moon nos habla de amistad, de miedo, de la soledad, de no encajar en ningún sitio, de sentir que te falta algo y que quieres ir más allá. De cumplir tus sueños. Y eso, además de los seres míticos que aparecen entre sus páginas, hace que esta novela sea mágica y que penetre en tu corazón. 

Transformación de Diana en sirena
Y, como no, lo segundo mejor son las ilustraciones. 

El arte de Laia López es alucinante y ver su evolución a lo largo de los años a base de mucho tiempo, trabajo y esfuerzo es para quitarse el sombrero. Las posibles mancas narrativas que pueda tener Strawerry Moon para aquellos lectores más aficionados a la novela pura y dura, se desvanecen gracias a las múltiples ilustraciones que contiene. Esto, por supuesto, hacen que todo sea más visual y que la imaginación del lector sea menor, ya que Laia nos presenta su mundo con palabras pero también con imágenes. 

Se respiran muchas cosas leyendo esta novela. Para mí ha sido una buenísima mezcla de películas de Disney, de la magia que hay en ellas, con una buena dosis de situaciones al más puro estilo shôjo manga. Porque hay momentos de fangirlear mucho a Diana y Eiden. En serio, momentos en los que sonríes de lo monos que son, pero otros que te dan ganas de darles un empujón para que espabilen. Pero también momentos en los que no puedes evitar encariñarte de Lucas, Isla, Mako (que me lo he pedido como marido) o Edlyn (esposa oficial). 

Dejo muchas cosas en el tintero, y lo sé, pero un libro siempre tiene que ser descubierto de forma individual por la persona que lo lee. Strawerry Moon esconde muchos secretos ya que, al ser una bilogía, esta primera parte es más una introducción (muy buena) que otra cosa. No vemos el principio del nudo hasta prácticamente llegar al final, siendo el mismo final el punto álgido del propio nudo de la historia global. Vamos, que la cosa acaba en un cliffhanger total.

Como conclusión, si tenéis la oportunidad y os gustan las historias de fantasía con sirenas o el cómic, creo que disfrutaréis mucho de Strawerry Moon. La hija de la luna. Además, si compráis la novela en Fnac, os vendrá con cuatro preciosas postales de regalo (yo las tengo y son LOVE). 

NOTA: 4/5 





domingo, 22 de septiembre de 2019

Reseña: 21 Flechas (La Orden 2.5) de Kasia Bacon

"El corazón empezó a latirme de forma tan violenta contra la caja torácica que creí que me provocaría algún tipo de lesión interna".

Ficha técnica
- Título original: Twenty-One Arrow salute   
- Autora: Kasia Bacon
-Serie: La Orden 2.5
- Novela corta
-Fantasía, Elfos, LGTB, romance, erotismo, New Adult
- Traducción: Virginia Cavanillas
- Corrección: Pilar Medrano 
A la venta el 10 de octubre

Gracias a Virginia Cavaillas por el ejemplar digital. 

SINOPSIS:

Verhan Tŭrryés, de la Montaña Negra, es de armas tomar.
Recién incorporado al Regimiento de las Tierras Altas, hace lo que puede para evitar responsabilidades y compromisos de cualquier tipo. Eso no va con él. De lengua suelta —pero aún más suelto de moral—, siempre está abierto a meterse en líos y en los pantalones de otros arqueros… Sí, eso también. 

Cuando sorprenden a Verhan —una vez más— haciendo algo que no debería y le obligan a ayudar a Hernan Seinnés que, con sus ojos verdes y su pelo caoba, parece estar fuera de lugar en una unidad compuesta casi exclusivamente por elfos oscuros, lo que menos espera nuestro elfo de la Montaña Negra es enamorarse. Pero al pasar tiempo con Seinnés mientras le entrena para formar parte de la Guardia de Honor, esa cosa llamada «sentimientos» hace blanco en su corazón y le golpea con la fuerza de una flecha.  

Inexperto en lo que a relaciones se refiere, cuando Verhan al fin se arma de valor para decirle a Hernan lo que siente, lo único que consigue es alejarle y, si quiere una nueva oportunidad para demostrarle al pelirrojo lo que en realidad significa para él, Verhan tendrá que tragarse su orgullo e intentar que, esta vez, su tiro dé en la diana. 



OPINIÓN:

No voy a mentir: tenía muchísimas ganas de leer esta novela después de haber podido disfrutar las dos primeras entregas de la saga La Orden de Kasia Bacon: El Mestizo y El Elfo Oscuro. Y, a pesar de que en esta nueva entrega cambiamos de aires y de protagonistas, la frescura y la pluma de la autora se mantienen en un altísimo nivel sin decepcionar al lector que ya se ha sumergido en este fantástico universo.

Quienes ya habéis disfrutado de El Mestizo, puede que os suene un personaje que aparece así de refilón, como si con él no fuera la cosa y que, además, recibe un buen varapalo sin comerlo ni beberlo. Sí, estoy hablando de Verhan Tŭrryés el primo de Ervyn Morryés que, también, es un personaje secundario de El Elfo Oscuro, uno bastante clave en el desarrollo de la trama. Pues bien, Verhan estaba claro que tenía un gran potencial como personaje protagonista ya que su carisma y su deslenguada forma de hablar pedían a gritos una novelita solamente para él.

Para él y Hernan Seinnés. 

La historia comienza cuando Verha es "obligado" a instruir a Hernan Seinnés para el Saludo de las Veintiuna Flechas en el Día de la Reina; costumbre que consiste en disparar una serie de flechas mágicas en honor a la reina de los Elfos en la capital del reino. Esta ceremonia tiene una serie de pasos a seguir (el Hâtachî), algo que tono elfo oscuro de la Montaña conoce desde niño, pero que Seinnés, al ser un elfo criado en la capital, no domina. Lo que, en principio, era una obligación, se convierte en rutina y la relación de Verhan y Hernan se va estrechando, haciéndose más fuerte. ¿Más fuerte? ¿Qué son esos sentimientos que siente Verhan? ¿Por qué siente que se le acelera el corazón cada vez que ve esos ojos verdes?

Narrada en primera persona como las anteriores, Verhan es el narrador protagonista y es a través de sus ojos y pensamientos que nos movemos por las páginas de 21 flechas. La pluma de Bacon en esta ocasión, si bien mantiene esa mezcla de lenguaje soez con una musicalidad poética en los momentos más románticos de la novela, tiene un toque más desenfadado. Más juvenil, como ella misma dice en la nota al inicio de la novelette. Algo que era totalmente necesario para poder adaptarse a la personalidad de Verhan, nuestro narrador, marcando un gran contraste con el toque más adulto de las dos entregas anteriores.

Con grandes dosis de momentos cómicos y románticos, 21 flechas nos muestra el paso de la adolescencia a la adultez, de la madurez de las personas. En este caso la madurez viene de la mano del amor. Del amor que te hace temblar, suspirar, sonrojarte, tener mariposas en el estómago. Ese amor que va creciendo como un capullo, poco a poco, hasta florecer y mostrar todos sus pétalos. 

La evolución de ambos protagonistas es espléndida. Hernan es completamente distinto a como lo vimos en El Elfo Oscuro (sí, ahí lo conoceréis) y Verhan... Bueno, él sigue siendo él, pero creciendo como personaje de forma exponencial llegando a ser redondo. Vemos todas sus fases de principio a fin, enamorándonos más de él por su buena construcción. Como dice Kasia: es un idiota adorable. Y no hay mejores palabras para definirlo. 

Con esta nueva novela, el universo de La Orden se expande. Conocemos la capital del reino de los elfos, a su reina y parte de las ceremonias que estos portan a cabo y sus festividades. Como ya dije en la anterior reseña sobre esta saga de fantasía, leer el glosario es muy aconsejable, aunque si tenéis tan frescos en vuestra memoria los dos glosarios anteriores, con leer las nuevas entradas será más que suficiente. Además que se nota el conocimiento de la autora con lo referente al mundo del tiro con arco porque nos ofrece mucha información técnica sobre ello, algo que se agradece muchísimo y que enriquece mucho la novela. 

La única pega que le pongo, y que no le resta calidad ni puntos en cuanto a mi  valoración personal, es un capítulo más para explicarnos cierto acontecimiento que todo lector está esperando desde el principio y que no se nos da; uno que no puedo mencionar porque sería un gran spoiler. Espero que Kasia nos haga algún mini extra de estos dos, tal y como ha dicho en su cuenta de twitter. La amaría más de lo que ya lo hago.  

En conclusión: la saga de La Orden es una muy versátil donde tiene cabida muchos personajes y muchas situaciones. Unas situaciones que no son las típicas que hallamos en la fantasía épica como la vida cotidiana de sus personajes, su modo de vida, su cultura, sus amoríos la mar de mundanos...

NOTA: 5/5


  

miércoles, 28 de agosto de 2019

Reseña: El mestizo y El Elfo Oscuro de Kasia Bacon

"La primera vez que le vi luchar se me puso dura. Mi corazón empezó a golpetear en mi pecho y me mordí el labio hasta que sangró. Fue ahí cuando juré que lo haría mío."


Ficha técnica 
- Título original: The Mutt
- Autora: Kasia Bacon
- Primera novela del Universo de La Orden
- Novela corta
- Fantasía, elfos, romance, erotismo, LGTB
- Traducción: Virginia Cavanillas
- Corrección: Pilar Medrano
- Ya a la venta en Amazon en papel y digital

Gracias a Virginia Cavanillas por el ejemplar digital para reseñar.

SINOPSIS:

Yo, Ervyn Morryés, del clan de la Montaña Negra, sé muy bien lo que es el control.

Como el único elfo oscuro de pelo blanco de las Tierras Altas, he tenido que aprender a controlar tanto mis puños como mi carácter para evitar que se burlaran de mí.

Y, para ser el mejor arquero entre mis semejantes, también he tenido que aprender a controlar mi respiración y cada uno de mis movimientos.

Pero el día en el que el mestizo al que llaman Lochan Féyes llegó al campo de entrenamiento, toda mi disciplina pareció desaparecer. Porque —por todos los dioses del firmamento— cuando estoy cerca de ese frío asesino de ojos azules… la necesidad que me provoca es incontenible.





"A veces, su tacto, su olor y su sabor me decían que él era mi destino; otras, mi mayor error". 


Ficha técnica
- Título original: The Haiglander
- Autora: Kasia Bacon
- Segunda novela del universo de La Orden
- Novela corta
- Fantasía, elfos, romance, erotismo, LGTB
- Traducción: Virginia Cavanillas
- Corrección: Pilar Medrano
- A la venta el 26 de setiembre 

Gracias a Virginia Cavanillas por el ejemplar digital para reseñar.


SINOPSIS:

Yo, Lochan, del famoso clan Féyes, sé muy bien lo que significa luchar.

Como semielfo, he tenido que enfrentarme tanto a los prejuicios de otros, como a mi propio complejo de inferioridad.

Solitario por naturaleza, he tenido que batallar contra mi aversión a ser tocado y a interactuar con los demás.

Para convertirme en asesino de La Orden, he tenido que aprender a superar las limitaciones del cuerpo y de la mente.

Pero negar el poder que Ervyn Morryés ejerce sobre mí, podría ser la única batalla en la que no me declare vencedor. Porque la verdad es que —y maldito sea por ello— el incansable elfo oscuro consigue ponerme de rodillas ante él.


OPINIÓN: 

Desde que terminé de leer el primer relato (o novela corta) del Universo de La Orden, El Mestizo, no pude dejar de darle vueltas a la forma de hacer su reseña y, por ende, en hacer la de la segunda novela de esta saga, El Elfo Oscuro. Finalmente, ante lo corto del El Mestizo y que tanto la historia como el universo creado por la autora se entiende y se vislumbra mejor una vez leído ambas novelettes (y su correspondiente glosario), pues decidí hacer su reseña conjunta. 

Esto no quiere decir que no vaya a comentar ambas partes por separado, pero mi valoración sobre la trama, personajes y sobre la creación de este mundo fantástico serían imposibles de hacer por separado ya que, al ser relatos tan cortos que están conectados entre sí de forma inmediata, como si fueran distintas partes de un mismo libro mucho más grande y vasto, me es más sencillo así. 

El Mestizo es el primer relato de La Orden, una saga (a todas luces ya que tenemos Ervyn y Lochan y compañía para rato -¡bien!-) de fantasía en la que su autora nos traslada a un mundo de elfos y humanos. El País de los Elfos es el mayor del mundo. Su capital está en Asirhwÿn y está gobernado por la reina Nae'amh II y sus vecinos son el Imperio y los Bárbaros. Esta sociedad élfica se divide y rige a través de clanes y, para ellos, es muy importante la vida  militar y castrense.

Ervyn Morryés, el narrador de este primer relato en primera persona, es un elfo oscuro de las Tierras Altas y se está especializando en el tiro con arco junto con su escuadrón en un campamento militar. Es allí donde conoce a Lochan Féyes, un mestizo de madre que lo hechiza desde la primera vez que los ojos negros de Ervyn chocan con los azules de Lochan. 

Ser un mestizo no es algo demasiado bueno, aunque todo depende de si lo eres de madre o de padre. En el caso de Lochan, éste es un semielfo materno, es decir, nació de la relación de una madre elfa y un padre humano; heredando así las características biológicas y físicas de los purasangre: longevidad y resistencia a las enfermedades humanes. 

Ante el deseo que siente por el semielfo, Ervyn hará lo que sea para llamar la atención de Lochan. Porque, su obsesión, es poder hacerlo suyo. Y es de eso mismo de lo que trata El Mestizo, una introducción a la sociedad éfica y a la vida castrense de éstos bajo el punto de vista del elfo oscuro que no puede dejar de pensar en Lochan. Y Lochan no lo mira, es como si no existiera, hasta que Ervyn sí existe. Es, sin duda alguna, una declaración de intenciones; una primera apuesta por unos personajes y un gran universo de ficción, de fantasía épica muy rico y bien construido.

Y es que, aunque en el primer relato no lo parezca, el universo de La Orden es grandísimo. O así parece cuando leemos el glosario ya que, a diferencia de lo que suele ser habitual, Kasia no nos introduce el mundo en su totalidad (detalladamente, vaya) en el propio discurso de la novela sino que lo hace a través de un glosario, dándole al lector unas sencillas pinceladas, como si ya supiera este todo lo que se esconde tras este mundo fantástico, y solamente destaca aquellos aspectos que, para poder comprender bien lo que sucede y el propio discurso, son necesarios. De ahí que os aconseje que lo leáis antes de enfrascaros en El Mestizo para apreciar mejor este universo.

Del mismo modo que El Mestizo, El Elfo Oscuro continúa allá donde acaba la primera novela pero de forma distinta. Ya no es Ervyn quien nos narra en primera persona sino que es Lochan, el semielfo silencioso y frío asesino de ojos azules. Este cambio de punto de vista hace que podamos ver los contrastes entre ambos. Porque sus personalidades, carácter y sus formas de ver las cosas son distintas. Ervyn es acción pura y dura, es poner el ojo donde se pone la bala (o la flecha XD) e ir a por todas mientras que Lochan es reservado y menos dado a la acción, aunque tiene sentido del humor para compensar todo lo demás.  A diferencia del primer relato corto, este es un poco más extenso y se profundiza más tanto en la vida de los elfos como en el pasado de Lochan y el por qué Ervyn es una rareza dentro de los elfos oscuros. Es decir, conocemos más cosas sobre ambos y sobre La Orden. Sí, porque el nombre de la saga, como comprenderéis, no es al azar sino que hay algo detrás de eso.

Con todo no nos engañemos, puede que Kasia Bacon tenga muchas cosas reservadas para estos elfos y una trama más profunda o heroica (e ingles deben salir todavía los libros 3 y 4), pero estos dos primeros relatos no dejan de explicarnos lo que es y será una relación amorosa entre ambos. Y eso está bien. Me parece genial que se utilice la fantasía épica para algo más que inventarse una grandísima trama donde grandes guerreros luchan contra monstruos y seres malvados para, sencillamente, crear un mundo donde conviven ciertos personajes que, pum, se enamoran. Y, además. tenemos erotismo, uno muy bien puesto y que no desentona, no es forzado y no es el típico de aquí te pillo aquí te mato tan desagradable que suelen escribir la mayoría de autores (sí, me refiero a hombres) en sus grandiosas novelas de fantasía épica (sí, lo digo con ironía).

Además del gran carisma de los dos protagonistas principales, y de los propios secundarios (sobre todo el primo de Ervyn, Verhan, uno de los protagonistas del relato 21 Felchas que en octubre también estará disponible en español), una de las grandes virtudes de estas dos novelitas es la propia prosa de Bacon. No es fácil narrar, y os lo digo con conocimiento de causa al ser yo misma escritora, y mucho menos lo es en tan pocas páginas. Hacer algo corto, pero que sea interesante, intenso y que tenga lo justo es más difícil de lo que pueda parecer y Bacon lo hace realmente bien. Mucho. Porque te deja con ganas de más no porque al relato en sí le falte algo, sino porque quieres saber qué va a suceder a continuación.

Porque ambos relatos son redondos (aunque me haya gustado mas El Elfo Oscuro porque nos proporciona más información, no por otra cosa ya que Ervyn se llevó mi corazón en El Mestizo. Corazón que está dividido con Lochan, ojo) y fáciles de leer. Se beben en un suspiro gracias a la musicalidad, a la lírica de la autora a la hora de ponerles voz y pensamiento a nuestros elfos con unas metáforas y comparaciones realmente preciosas. Aunque, todo sea dicho de paso, cuando los chicos deben hablar mal, lo hace. Y ese contraste de lenguaje le va que ni pintado a los dos protagonistas masculinos en un mundo castrense.

Sobre esta edición en español, cabe destacar el gran trabajo de traducción de Virginia Cavanillas que ha sabido adaptar más que bien el lenguaje utilizado por la autora a nuestra lengua materna y, visto el resultado (y por lo que fue contando en redes) no ha sido una tarea fácil, pero ha salido más que victoriosa.

La edición en digital ha quedado preciosa, no quiero ni imaginar cómo lucirá la de papel (porque sí, saldrá en papel también), pero está claro que estas dos joyitas merecen un sitio en mi estantería física.

En conclusión, después de leer estas dos primeras partes de La Orden solamente puedo decir que estamos en la punta de un gran iceberg, de un mundo y unos personajes tan grandes que podemos esperar cualquier cosa. Kasia Bacon ha creado un gran mosntruo, uno muy potente, uno que tiene cuerda para rato y que ahí estaré yo para alimentarlo.

Nota: 
El Mestizo: 4/5
El Elfo Oscuro: 5/5
Global: 5/5




martes, 16 de julio de 2019

Reseña: Smells like Green spirit de Saburo Nagai

"Siempre he sido así, incluso antes de darme cuenta... No lo puedo evitar... ¿A ti... no te pasa...?"


Ficha técnica
- Título original: Smells like Green spirit (Side A and Side B)
- Autora: Saburo Nagai
- Serie completa de 2 tomos
- Editorial: Ediciones Tomodomo 
- Boy's love, drama, comedia, romance, bullying, slice of life, identidad sexual, LGBT+
- Traducción: Ana María Caro
- Precio: 8€
- Ya a la venta

Sinopsis:

En un pueblo perdido de Japón, dos jóvenes aprenden a aceptar su identidad. Una cruda historia sobre la diversidad contada con humor e imaginación. 

Mishima nunca ha sido como los demás chicos. Lleva el pelo largo y, a la menor oportunidad, le roba el pintalabios a su madre. Por supuesto, esto le trae muchos disgustos en el instituto, ya que para sus compañeros no es más que un “maricón” al que se dedican a vejar continuamente. Pero un día descubre a uno de sus acosadores, Kirino, maquillándose con el pintalabios que él mismo había perdido… ¡y la caja de Pandora se abre, dejando escapar toda la pluma que el abusón había estado ocultando durante años!

Smells like green spirit es un BL diferente, en el que hay historias de amor, pero sobre todo una gran amistad entre dos adolescentes que deberán enfrentarse a un entorno social hostil, a aliados que son lobos con piel de cordero y, lo que es peor, a la posibilidad de frustrar las expectativas de sus familias.

Opinión:

Desde que las chicas de Tomodomo anunciaron esta licencia en el pasado Salón del Manga BCN que tenía muchísimas ganas de disfrutar de esta preciosa (y a la vez agridulce) historia de dos chicos que deben aprender a aceptarse a ellos mismos. 

"Todos tenemos nuestra caja de Pandora. Debemos cuidar que nadie la vea, pero... lo que hay dentro siempre amenaza con escaparse."

¿Qué es lo peor que le puede pasar a Futoshi Mishima? Ser homosexual y vivir en un pueblo perdido de Japón. ¿Qué más? Ser acosado por sus compañeros a causa de su sexualidad (algo que sospechan porque lleva el pelo largo y su aspecto es muy afeminado) y no poder decírselo a nadie, sobre todo para no preocupar a su madre y para que no se descubra su secreto. Secreto al que hay que añadir el vestirse de mujer y pintarse los labios con los pintalabios de su madre por las noches en la oscuridad de la noche. Pintalabios que, para más inri, pierde y que su compañero Kirino, el culpable del bullying que sufre, en compañía de Yumeno y otros maleantes, encuentra. ¿Qué más cosas malas podrían suceder? Pues que Kirino se pintara los labios. Porque Kirino es como él y ese pintalabios es su caja de Pandora. 

Si estáis buscando una historia de amor entre dos adolescentes donde todo es bonito y happy, en Smells like Green spirit no lo vais a encontrar. Porque este bl pretende mostrarnos una realidad que sufren muchos adolescentes que no poseen la supuesta sexualidad correcta, sana y aceptada. Una realidad dura y cruel en la que estos adolescentes deben esconder lo que son y lo que sienten en lo más hondo y cerrar esos sentimientos a cal y canto en una caja. 

Mezclando el humor con las situaciones más duras y crueles que una persona puede llegar a vivir en su vida, Nagai crea una historia donde la trama se centra en el descubrimiento y en la aceptación de la sexualidad así como sobre la amistad entre dos personas que sienten y sufren lo mismo. Dos personas que guardan un mismo secreto y que solamente entre ellas pueden desahogarse, comprenderse y aceptarse. 

A pesar de ser un manga de solo dos tomos, siendo el primero bastante corto (unas 140 páginas), Nagai consigue explicar lo que quiere sin que le falte nada a la trama. Es decir, los tempos están muy bien calculados, así como el desarrollo de los acontecimientos y la mezcla de los instantes más crueles y dramáticos con un humos desenfadado que, como ya he dicho antes, hace que el lector pueda sobrellevar mejor X sin que le reste peso dramático a la situación. 

El elenco de Smells like Green spirit es bastante abundante, con muchos secundarios que son necesarios para los momentos más cruciales de la historia. En el caso de los protagonistas (Mishima, Kirino y Yumeno), muestran una gran evolución a lo largo de las páginas, siendo, además de redondos, espejos que reflejan tres realidades distintas, y a la vez semejantes, en las que muchas personas podernos vernos y sentirnos identificados e identificadas. Todo esto, además, acompañado de un dibujo precioso que cambia radicalmente a uno más caricaturesco en las escenas de humor. 

Sobre la edición de Tomodomo: 
- muy buena, salvo que las páginas transparentan un poco por el bajo gramaje del papel (muy blanco para mi gusto y mis pobres ojos) y la falta de fondos en muchas viñetas hace que sea más evidente.   
- la traducción de Ana María Caro es bueníssima y el broche de oro al trabajo de Saburo Nagai. Es increíble lo bien que adapta la forma de hablar de los adolescentes en los mangas que traduce.

En conclusión, si os ha gustado Sombras sobre ShimanamiSmells like Green spirit tiene un aire muy parecido a la obra de Kamatani (obra completa de 4 tomos que también os recomiendo mucho y espero hacer reseña en breve). Con solo dos tomos, es una apuesta segura, una obra que invita a la reflexión, al entendimiento, a ponerte en la piel de otra persona y a darse cuenta que lo normativo y establecido no tiene por qué mostrar la realidad social y sexual de muchas personas.

Nota: 5/5 Imprescindible y recomendable para adultos y adolescentes


     


martes, 9 de julio de 2019

Reseña: Escorpio odia a Virgo (Signos de amos #2)

"Cuando me miras, me da hasta vértigo y, al mismo tiempo, me hace sentir el tío más guapo del mundo".

Ficha técnica
- Título original: Scorpio hates virgo 
- Autora: Anyta Sunday
- Serie: Signos de Amor 2
- Género: roántica joven, romance contemporáneo gay,friendos-to-lovers 
- Novela ligera
- Traducción: Virginia Cavanillas
- Corrección: Pilar Medrano
- Disponible en Amazon versión digital
- Precio: 4'99€ (gratis en kindle unlimited)

Gracias a Virginia Cavanillas por el ejemplar en digital para reseñas.

Este libro puede leerse de forma independiente a Leo quiere a Aries (Signos de amor #1). Reseña en mi goodreads

Sinopsis:

De lo que se trata este año es de que te recuperes, escorpio. Ha llegado la hora de deshacerte de la negatividad y de esa fachada de tío duro, para permitir que otros vean a tu verdadero yo, a tu yo más vulnerable.

Percy Freedman no está sufriendo. Por supuesto que no, quien lo haya dicho que lo retire. Lo que está es completamente seguro de que vender la casa de su tía recién fallecida y dejar atrás a los vecinos con los que ha vivido durante años, es la mejor decisión que podría tomar. Porque, ¿quién en su sano juicio conservaría una casa que huele a esos abrazos que nunca más volverá a sentir? 

Nadie. Esa es la respuesta.

Pero los vecinos de su calle parecen creer que un poco de pintura y un cambio de muebles serían suficiente para hacer borrón y cuenta nueva. Todos quieren que Percy se quede. 

Incluso su archienemigo, Callaghan Glover.

Especialmente su archienemigo, Callaghan Glover.

Así que, arrastrado a un juego bautizado como los Sherlock Gnomes, Percy termina pasando con sus vecinos mucho más tiempo del que considera aceptable y, entre esquivar todo tipo de pullas por parte de Cal y su creciente amistad con Gnómero9, Percy empieza a plantearse si lo de vender la casa no fue su pena hablando por él.

Pues ya sabes, escorpio: con un poco de paciencia, tu corazón roto podría ser cosa del pasado…

Escorpio odia a Virgo contiene sarcasmo, escenas de sexo explícito, un final un poco cursi y una obsesión enfermiza por los dinosaurios. 

Puede ser leído de forma individual e independiente del resto de la serie.


Si te gustó Leo quiere a Aries, te apetecerá este romance a fuego lento con una pareja que no sabes cómo o cuándo acabará junta, lleno de conversaciones sarcásticas y de una deliciosa tensión sexual no resuelta. 

Opinión:

¿Conocéis esa sensación cuando sabes que el libro que estás a punto de leer te va a encantar incluso antes de leer el primer capítulo? Pues esa misma es la que yo sentí antes de abrir el e-book de Escorpio odia a Virgo, el segundo libro (que se puede leer de forma independiente) de la serie Signos de Amor de Anyta Sunday.

Después de la muerte de su tía Abby, Percy regresa a la casa en la cual se ha criado y que su tía le ha dejado en herencia. Percy no es que esté muy contento de volver: primero, porque su tía ya no está y la pena y la tristeza pueden con él. Segundo: su vecino y archienemigo Callaghan Glover (o Cal para los amigos) vive enfrente suyo. Él y Cal siempre se han llevado como el perro y el gato, lanzándose pullas sin cesar y lo que menos le apetece a Percy es volver a verlo. ¿O puede que no? ¿Y si ese no fuera el auténtico motivo?

Con la idea fija de vender la casa, mudarse y empezar de cero, Percy intentará no involucrarse mucho con lo que ocurre en el  cul-de-sac, no caer en la trampa del sentimiento de familiaridad con sus vecinos, de sentirse a gusto viviendo de nuevo allí y, ni mucho menos, con Cal. Porque son archienemigos, porque no se soportan, porque se detestan. ¿O puede que no? ¿Y si es otra cosa lo que hace que a Percy se le acelere el corazón cada vez que ve a Callaghan? ¿Y si...?

Con una narrativa sin pretenciones, sencilla, pero llena de detalles y frases para enmarcar, Anyta Sunday nos presenta una historia con una trama sencilla, llena de amor, risas y momentos tremendamente sensuales y eróticos. En Escorpio odioa a virgo, Anyta nos traslada a un cul-de-sac, una  de zona residencial a la cual se accede por una calle que no tiene salida. Allí, todos los vecinos se conocen desde hace años, y más que simples vecinos son como una familia. Así que la atmósfera que reina en toda la novela es esa misma: una familiar, hogareña, de pertinencia a algún lugar. Y es tal la habilidad narrativa de Sunday que el lector no tarda ni dos páginas en ser un vecino más del cul-de-sac.

Pero, sin duda, la gran virtud de esta novela son los pequeños detalles y el carisma de los personajes protagonistas, Percy y Cal. Ambos se complementan a la perfección y sus diálogos juntos, así como las aventuras y desventuras que viven a lo largo de la novela son una mezcla de comedia y tensión sexual maravillosa. Aunque Sunday no solamente se centra en los dos chicos protagonistas, sino que también hay espacios para los secundarios que, a su vez, empujan a los personajes a actuar de una forma u otra. Porque en Escorpio odia a virgo son las acciones de los personajes los que desarrollan la trama y no a la inversa. Y es que este libro no podía ser más como la vida misma, un slice of life en toda regla.

Porque es muy realista. Y ya no por las situaciones que presenta Anyta que podrían habernos pasado a nosotros o a un conocido, sino el propio ritmo y la evolución de los personajes. Porque sí, será una novela que podemos considerar ligera ante el sencillo lenguaje que utiliza la autora (no por ello menos bonito, ya que Anyta tiene la habilidad de crear imágenes en nuestra mente con una claridad meridiana sin descripciones tediosas y engorrosas de páginas y páginas) pero Percy y Cal no dejan de evolucionar desde la primera línea hasta el punto y final.La complejidad que acarrea cada uno, el carácter y la personalidad que les dota Sunday les hace tangibles, casi palpables y eso produce que el lector se implique en la historia, que la viva con más intensidad. Que se emocione, se ría, sufra, se enfade... y se muera de amor por Cal (permitidme mi momento fangirl, porque es que enamoradita de él ando desde el primer instante en el que aparece. En serio, Cal, si existes, aquí te espero).

Destacar que, aunque podemos leerlo de forma independiente, tenemos un cameo la mar de simpático (y sensual) de Theo y Jaime, los protagonistas de Leo quiere a aries y que, además, nos informa de del motivo que desencadena lo que sucede en el relato corto de Leo sobre aries. Así que, si tenéis la oportunidad o la curiosidad, yo os recomiendo mucho también leer esta primera novela porque esta pareja os va a dar las mismas alegrías que Percy y Cal.

Sobre el final. Mirad, Anyta no ha venido a hacernos sufrir con esta serie de novelas sino ha ofrecernos historias de amor soft, sensuales, divertidas, con salseo del bueno (vamos sexo explicito que te hace querer ser uno de los chicos ) y con happy ending. ¿Se puede pedir más en una novela chicoxchixo? Yo creo que no. Además que la traducción de Virginia Cavanillas (con la revisión de Pilar Medrano) hacen que el lector la disfrute al 100% al adaptar tan bien a nuestro lenguaje el utilizado por la autora.

En resumen: a toda persona que disfrute ya de buenas a primeras con el maga bl (Boy's love) o novelas bl,  pues con Escorpio odio a virgo va a disfrutar lo mismo (y lo que no también, leedlo que os vais a sorprender); tanto que no va a querer casi soltar el dispositivo donde esté leyendo. Porque si una cosa tiene este libro es que es adictivo. Más que el chocolate y que un buen helado de vainilla francesa. 

Puntuación: 5/5 
Una apuesta segura para leer en verano (con un buen aire acondicionado) y en invierno (porque no te hará falta calefacción) 



domingo, 19 de mayo de 2019

La belleza de las estrellas: Capítulo cinco (final)



Capítulo 5: La felicidad consiste en poder unir el principio con el fin*

*  Frase del filósofo y matemático griego Pitágoras (c.569 a.C-c. 475 a.C)

El cielo está en llamas, eso fue lo primero en lo que pensó Meleagro cuando se levantó de la cama y un color anaranjado demasiado fuerte daba paso al amanecer. Tenía un fuerte dolor de cabeza a causa de lo poco que había dormido desde que la tormenta estallara en la casa de Orestes.

La discusión de éste con su hija había repercutido en su relación, ya de por sí difícil, hasta el punto en el que apenas se veían y, de hacerlo, intercambiaban pocas palabras.

Su amistad siempre había sido difícil, mucho más cuando Meleagro se dio cuenta de que había algo mucho más fuerte en su corazón, un sentimiento que iba más allá al hecho de considerar a Orestes un hermano. Durante los primeros tiempos, mientras habían sido aliados en la guerra, un sentimiento de hermandad, de hetairos, los había hecho inseparables. Mas, a medida que pasaban los años, aquello que él creyó amistad y fraternidad se fue tornando algo más fuerte, más profundo. Más doloroso. 

Una necesidad imperiosa de verlo, de tocarlo, de saber que estaba bien lo atormentaba noche y día, haciendo que fuera incapaz hasta de respirar. Nunca antes se había sentido así —ni siquiera con su esposa o con alguna de sus amantes—, por ello tardó mucho en descubrir que aquello que sentía por Orestes era amor, uno intenso, desinteresado, lleno de respeto, complicidad y confianza.  

No le costó aceptarlo, para él amarlo era algo natural. ¿Por qué no? ¿Qué importaba que fueran dos hombres? ¿A caso los dioses no se amaban entre ellos sin importar su sexo o procedencia? 

Pero Orestes no lo veía igual y, por mucho que Meleagro sabía que sentía lo mismo por él, su amigo se resistía a aceptarlo. En un primer momento, el tebano creyó que se debía a que quería tanto a su esposa que eso le impedía traicionarla. Pero, cuando ella murió desgraciadamente dos años después del nacimiento de Feres, Meleagro creyó que había llegado su oportunidad. 

Nada más lejos de la realidad
—¡No quiero que vuelvas a hablarme de esto ni que te me acerques de este modo, Meleagro! ¿Qué es lo que pretendes? ¡Tienes una familia a la que cuidar y mantener! —le gritó cuando éste fue a verlo para darle el pésame e intentar… ¿qué? ¿Estar a su lado? ¿Dejarlo todo por él? Sí, ¿por qué no? No pensaba descuidar a sus hijos ni a su esposa. Cuidaría de ellos, en la distancia, claro, pero no pensaba desvincularse de ellos. 

Le buscaría un buen hombre a Penélope, iría a ver a sus vástagos hasta que, cuando Menesteo tuviera la edad, llevárselo a Micenas para entrenarlo como buen hoplita. Cuando se lo dijo, Orestes se echó a reír con desdén.

— ¿Sabes? Siempre he soñado con conseguir ser el mayor magistrado de toda Micenas. Ser un buen soldado, conocer bien el mundo militar y, algún día, ser el estrategós que mi polis merece. —Sus ojos ambarinos se posaron en él llenos de ambición y, a la vez, de asco —. ¿Me elegirían en las urnas si estuvieras conmigo? La respuesta es obvia: no. 

» No te necesito a mi lado, Meleagro, y mucho menos a causa de inclinaciones tan inmorales como las que sientes. Creía que eras un auténtico hoplita, parece ser que me equivocaba. 

Después de aquello, Meleagro no volvió a Micenas hasta que recibió una misiva de Orestes donde, además de decirle que había conseguido ser elegido estrategós, le pedía que fuera a Micenas para que su hijo Feres pudiera conocer a Menesteo ya que «es mi deseo que nuestros hijos sean tan buenos amigos como nosotros». 

No pudo negarse, es más, agradeció a los dioses esa nueva oportunidad de poder volver a ver a Orestes; estar de nuevo en contacto y tener, aunque no la deseada, una relación. ¿Qué importaba que fuera sólo fraternal? Él le amaba y, aunque dolía, le era suficiente con poder volver a hablar con él como antes. 

Pero Éaco lo había descubierto.

Aquella chiquilla siempre había sido muy lista y despierta, nada nunca se le había escapado y ató cabos. Aunque lo intentaba, Meleagro era incapaz —en muchas ocasiones— de esconder lo que sentía y ella, avispada como era, descubrió la verdad. 

—Siento haberte metido en mis problemas, Meleagro —se disculpó la noche antes de su partida a Corinto, apenada.

—No te preocupes, niña. Todos hemos estado muy nerviosos estos días.

—No debería haber dicho lo que dije. Tus problemas con mi padre… —Éaco calló —. Siento que ahora las cosas sean así entre vosotros.

—Siempre han sido difíciles, no creas que lo has empeorado. Simplemente le has recordado una verdad que lleva años queriendo olvidar.

Ella asintió y lo abrazó con cariño antes de besarle la mejilla.

—Te quiero mucho. Ojalá puedas hallar la felicidad y la paz que mereces. 

El soldado se pasó una mano por la cara antes de ir hacia la palangana vacía y llenarla con un poco de agua para lavarse y espabilarse.

Fue entonces cuando escuchó las campanas, los gritos y olió el humo. Alarmado, se asomó a la ventana entreabierta y abrió del todo los postigos. Aquello que él había creído que era el color del amanecer en realidad era un incendio.

Micenas ardía. 

***

—¡Por los dioses!

Menesteo, en la arena de combate, dejó de hacer sus ejercicios de calentamiento para volverse hacia el hombre que había gritado con espanto. El susodicho, con el terror dibujado en sus facciones curtidas, señalaba en dirección a la acrópolis. El tebano se volvió hacia allí y lo que vio lo dejó igual de consternado que a todos los demás; de nuevo su máscara de impasibilidad hecha añicos.

La ciudad alta ardía y el fuego, como si tuviera vida propia, se extendía a una velocidad inhumana. Pronto alcanzaría la parte baja y la zona más pobre de la polis.

Oh, no.

Echando a correr como si todas las bestias del Inframundo fueran a por él, Menesteo se dirigió al palacio.

Hacia Feres. 

***
  
Hacía mucho que no iba al Templo Mayor de Micenas, templo dedicado a todos los dioses de Tarpeya ya fueran más fuertes e importantes o simples deidades menores. 

Orestes se arrodilló frente a la escultura de bronce de cinco metros de la representación antropomórfica de la tierra donde vivían: Tarpeya. Ésta, vestida con un peplo etéreo de la mejor tela existente —y que se le cambiaba cada año durante las festividades en su honor—, miraba el vacío con unas cuentas de cristal como globos oculares, erguida, con el pie derecho por delante del izquierdo, como si pudiera echar a caminar en cualquier instante, báculo de la justicia en mano. 

Su vida nunca había sido fácil, bien lo sabían los dioses. Hijo de unos humildes campesinos sin tierras, a pesar de ser ciudadanos, trabajaban parte del latifundio de un aristócrata. Orestes, incapaz de soportar ese estilo de vida, decidió dedicarse a la vida militar de forma permanente y no ser un simple soldado-campesino como muchos de los demás ciudadanos que solamente se enrolaban en el ejército en tiempos de necesidad.  

Desde niño, Orestes había deseado tener lo que, por ley —en teoría—, debía tener todo ciudadano: tierras. Tampoco pedía demasiado, se conformaba con un lote pequeño donde poder tener un Oikos que le diera para vivir y una casa en la que pudiera formar una familia.

Pero era imposible y, por ello, la única vía viable que logró hallar fue el ejército. Se le daba bien, además. Orestes era inteligente y pronto los capitanes y generales al mando se dieron cuenta de ello. Tenía seso para la estrategia y era capaz de ver y detectar las debilidades y fallas del enemigo en poco tiempo, ahorrando así perder tiempo y vidas.

Entonces Micenas y Tebas hicieron aquella confederación, la Liga micénico-tebana, para luchar contra la — por entonces— muy poderosa Argos, polis que deseaba expandirse demasiado y que afectaba a sus intereses.  Y, en esa guerra, fue cuando conoció a Meleagro y todo cambio, transformándose su vida en una vorágine caótica; siempre a punto de ser engullido por el agujero negro de una estrella muerta.

Porque lo que sentía por él era una aberración, algo que iba en contra de la naturaleza. ¿Cómo podían dos personas del mismo sexo atraerse? Los dioses, en su divina sabiduría, habían creado al macho y la hembra con el propósito de la procreación y para que éstos estuvieran juntos. La ley de la atracción de los contrarios. Entonces, ¿por qué se le aceleraba el corazón cuando estaban juntos? ¿Por qué, el último día antes de regresar de la guerra, bajo las estrellas, había sentido el impulso de besarlo? ¿Por qué, desde entonces, Meleagro ocupaba todos sus pensamientos? 

Toda su agonía y su sufrimiento.

La más amarga de las melancolías.

—Dioses de Tarpeya, os suplico misericordia. ¿No he sufrido ya lo suficiente? La muerte de mi esposa, la desviación de Éaco, la desobediencia de Feres… Estos sentimientos que tengo no son normales. Yo…

Orestes cerró las dos manos en puños y apretó con fuerza, clavándose las uñas para controlar sus emociones. 

Creía que lo tenía controlado, que la relación con Meleagro podría volver a ser como la que habían compartido durante la guerra. Pero se había equivocado. Aquellos tres años sin verse, años que creyó que sería un bálsamo, en el rencuentro los había convertido en una terrible maldición. 

Cuando se abrazaron, cuando sintió su cuerpo junto al suyo, sus brazos rodeándole… Estúpidamente pensó «al fin estoy en casa»; que había vuelto a él algo que había perdido.

Lo ignoró, ¿qué otra cosa podía hacer? Pero entonces Éaco tuvo que abrir la vieja herida y Orestes fue incapaz de mirar a su adelfos de nuevo a los ojos. Porque él lo había escuchado todo y su mirada llena de congoja, sin rastro de odio, le hacía más daño que un buen tajo de espada en el estómago.

Una vibración extraña en el aire le hizo levantarse y darle la espalda a la estatua. Frente a él había seis hombres armados, con los rostros cubiertos bajo unos yelmos con rejillas, apuntándolo con sus xifos de bronce, ocultando con sus corpachones ataviados con clámides oscuras, la entrada del templo. 

Así que los informes de sus espías tenían razón: había una conspiración contra él.

—Vaya, vaya, así que mis enemigos en las sombras han enviado a un grupo de matarifes de poca monta para asesinarme y quitarme del poder —dijo sin amilanarse por estar en clara desventaja y desarmado. Entrar a un templo de aquella guisa era una completa ofensa. Una profanación —. Rendíos ahora y marchaos, porque ni yo ni los dioses os vamos a perdonar.

—El único que va a irse de este mundo eres tú, Orestes —amenazó uno de ellos.

El estrategós, sin perder los nervios ni la calma, contempló su alrededor para hallar algo que pudiera servirle como arma con la que defenderse hasta que pudiera o bien desarmar a uno de ellos o salir del templo y conseguir ayuda. Sus ojos ambarinos dieron con uno de los braseros encendidos del templo y se dirigió hacia él.
Ante ese movimiento, los seis asesinos a sueldo fueron tras él, adelantándose uno para asestarle un tajo por la espada. Orestes, logrando conseguir su objetivo, le arrojó brasas ardientes a su oponente a la vez que apartaba la hoja del xifos con el atizador de hierro.

El hombre gritó de dolor y Orestes aguantó las propias quemaduras de su mano para propinarle un codazo entre los omoplatos. El hombre cayó sobre el brasero y su clámide empezó a arder. 

Soltando el atizador, el estrategós se apoderó del bronce enemigo y paró un nuevo ataque de los matarifes. 

Sin dejar de moverse por el templo, aprovechando su propia construcción y los elementos de éste, Orestes consiguió mantener a sus cinco oponentes a raya.

Debo salir de aquí.

Pero no era tan sencillo. Aquellos hombres no eran unos aficionados, eran unos auténticos asesinos duchos en el arte de la espada, y cubrían muy bien todas sus posibles vías de escape. Si quería ganar, tendría que recurrir a toda su astucia, y puede que el humo, que no paraba de intensificarse, lo ayudara.

Un momento. ¿Por qué hace cada vez más calor?

Orestes alzó el rostro cuando los cinco matarifes dejaron de atacarlo de repente. Todos a una, sacaron algo de debajo de sus capas: eran unos cilindros de vidrio con algo dentro. ¿Luz? No, no era eso.   
Por los dioses.

¡Aquello era fuego necromántico! 

—¡No lo hagáis! —gritó desesperado con la mano derecha extendida en un vano intento por parar lo inevitable.

Los cinco cilindros fueron lanzados hasta el cuerpo del desgraciado que había muerto quemado y, en cuanto impactaron contra el cuerpo en llamas — unas que llevaban todo ese tiempo creciendo y propagándose, lamiendo el mármol y la piedra— hubo una terrible explosión que arrojó centenares de llamas mágicas por toda la acrópolis, incendiando de ese modo la ciudad alta. Incendio que pronto empezó a devorar toda la ciudad.

***

—¡Feres!

—¡Meleagro!

Los dos hombres se cogieron de los brazos y se miraron a los ojos con la misma desesperación.

—¿Dónde está tu padre?

—¿Dónde está Menesteo?

Aquellas dos preguntas desesperadas, formuladas al mismo tiempo, hicieron que los dos se percataran de varias cosas que deberían dejar para más tarde.

—No sé nada de mi padre desde que desperté —dijo Feres —, pero los criados me han dicho que no está en el palacio. ¿Menesteo está aquí?

—Creo que no. Siempre suele irse antes del amanecer para entrenar en la arena, es una costumbre que tiene desde hace unos años. 

—Hay que evacuar a todo el mundo. El fuego se propaga de forma antinatural.

—Fuego necromántico —musitó el soldado tebano. Feres, que había sentido hablar de él, apretó los dientes. Si era fuego mágico, la cosa empeoraba. Porque ese fuego solamente se detenía de dos formas: una vez lo devastara todo o con magia. 

No quedaba de otra.

—Feres, no me digas que… —musitó Meleagro abriendo mucho los ojos.

—Es nuestra única opción. Por favor, ocúpate de sacar a toda la gente de aquí y llevarla al ágora. Si ves a Menesteo no le digas dónde estoy.

—¡Feres, no lo hagas! No eres un Magus Regis —le pidió.

—Lo sé, pero soy micénico y el hijo del estrategós. Esto es lo que se espera de mí.

Sin dejar que Meleagro pudiera detenerlo, Feres se apartó y echó a correr, sabiendo que el hombre haría su parte y que cumpliría con lo que le había pedido. 

Debía llegar cuanto antes a la periferia y detener ese fuego a como diera lugar. Porque, si no lo hacía, toda Micenas quedaría reducida a cenizas y escombros.

***

—¡Padre!

El interpelado se volvió hacia su hijo que, corriendo por la vía que portaba al palacio, estaba sano y salvo. Un profundo alivio lo recorrió de arriba abajo. 

—Hijo, gracias a los dioses que estás bien.

—¿Qué está ocurriendo?

—No lo sé, pero nada bueno. Parece ser que alguien ha incendiado la ciudad alta con fuego necromántico. Debemos evacuar a la gente del palacio e ir al ágora para ayudar en todo lo que podamos. 

—¿Dónde está Feres?

Meleagro vacilo.

—No te preocupes por él y ven conmigo —le ordenó recobrando la compostura, una que volvió a perder cuando su hijo lo cogió por la pechera del quitón con una furia ciega brillando en sus pupilas y en sus facciones. Nunca antes lo había visto de aquel modo y, por lo tanto, fue incapaz de reaccionar.

—Dime donde está. ¡Ahora! —exigió apretando con más fuerza.

Y no lo soltaría. En aquel estado, Meleagro estaba convencido de que Menesteo sería capaz de matarlo o de dejarlo para el arrastre si no le decía lo que quería saber.

—Se ha ido para intentar sofocar las llamas con su magia. No he podido detenerlo, hijo. Lo siento. 

Chasqueando la lengua, Menesteo lo soltó y se marchó por el mismo camino que Feres minutos antes. 

La impotencia lo recorrió por entero. ¿Es que él iba a quedarse allí, limitándose a esperar en el ágora una vez hubiera terminado la evacuación? ¿Dónde estaba Orestes? ¿Por qué no se había manifestado como estrategós de la ciudad?

—¿Qué te pasa, mujer? No llores, todo saldrá bien —escuchó que decía una de las criadas a otra.

—Pero es que… el señor Orestes se marchó al Templo Mayor esta mañana y no ha regresado. 

—¿¡Cómo has dicho!? —vociferó Meleagro acercándose a las criadas —. ¿Orestes está en la acrópolis?

La crida lloró con más fuerzas.

—No lo sé, señor. Espero que no, por los santos dioses. 

Meleagro dirigió su mirada hacia el caos de fuego de la acrópolis sabiendo qué debía hacer.

—Hipócrates —llamó al físico que estaba entre la concurrencia intentando calmar a un hombre con un ataque de pánico —. Ocúpate de que todos lleguen sanos y salvos al ágora.

—¿A dónde vas tú?

—A salvar lo que más me importa.

***

Respirar era casi imposible y ya no sólo por la carrera a contrarreloj, sino porque el humo de aquel maldito fuego no dejaba de expandirse por todos lados, apoderándose del oxígeno y haciéndose cada vez más denso. 

Porque ese humo, al igual que el fuego, no era normal y no hacía falta que sus sentidos de magus se lo dijeran.

Esquivando a la gente que corría en desbandada, despavorida, huyendo con lo puesto aquellos que podían, Feres logró llegar al punto donde quería: la zona más meridional de la ciudad, la más pobre y marginal de Micenas.

 Manchado de hollín y de sudor, Feres tragó saliva mientras contemplaba el fuego. ¿Y ahora qué?  ¿Qué debía hacer? ¿Cómo se suponía que iba a detener aquel infierno? Tenía el don de controlar los elementos, sí, pero no era ningún Magus Regis. Por los dioses, no era ni un simple estudiante con nociones básicas. 

Meleagro tenía razón. Demasiado rápido había hablado, dejándose llevar por lo que sentía en su corazón sin pensar en las consecuencias. 

Pero algo debía hacer, ¿no? Era un micénico, había nacido y crecido allí, ¡no podía quedarse de brazos cruzados sabiendo que podría hacer algo!

En el pancracio funcionó, ¿por qué ahora no?  

Cogiendo aire por la boca y soltándolo por la nariz, Feres dejó que el viento, la esencia de Eolo, fluyera por sus venas y echó los brazos hacia atrás antes de moverlos hacia delante. Un gran torrente de viento se dirigió en estampida contra las llamas. El fuego necromántico se movió, apagándose sus llamas en algunos extremos, para, finalmente, avivarse y hacerse más grande y letal. 

—¡Mierda!

Una casa de piedra y madera estalló cerca de su posición y la onda expansiva producida por el calor lo catapultó unos metros hacia atrás. Feres se golpeó la espalda y tosió en busca de aire, pero solamente encontró dióxido de carbono. 

Haciendo un gran esfuerzo, el muchacho se levantó. Había sido un ingenuo al creer que una buena dosis de aire sería capaz de apagar esas llamas. Ese no era el fuego de una vela que un soplido fuera capaz de apagar. Aquel era uno mucho más grande. ¿Cómo podría detenerlo? ¿Con agua? Sí, claro, pero no sabía cómo crearla de la nada así como así.    

Y si…

Una idea brotó en su mente. ¿Cómo no se le había ocurrido antes?

Una nueva explosión a unos metros de él hizo saltar por los aires otra vivienda, esta vez de madera. Ésta, envuelta en llamas, se precipitó hacia él que, adolorido y exhausto, era incapaz de moverse. Como acto reflejo, Feres se tapó el rostro con los brazos, algo estúpido porque los maderos encendidos lo golpearían igualmente.

—¡Feres!

El chico alzó el rostro justo para ver a Menesteo correr hacia él y un muro de tierra alzándose para golpear los trozos de madera llameantes, alejándolos de él. Impresionado por lo que acababa de ocurrir, Feres no fue capaz de reaccionar cuando su amigo lo cogió por los hombros.

—¿Estás bien? ¿¡Cómo se te ocurre venir sólo para intentar detener el fuego!? ¿Querías hacerte el héroe? ¡Idiota!

—Eso que acaba de pasar… ¿lo has hecho tú? —le preguntó.

—¿Qué? ¡No me cambies de tema!

—¡No lo cambies tú! ¡Me acabas de salvar la vida con magia! ¿Eres un Nigromante igual que yo? ¿Cuándo ibas a decírmelo?   

Menesteo le aguantó la mirada, pero no le respondió.

—Vale, perfecto, ya te cantaré las cuarenta cuando todo esto acabe. Ahora debemos apagar el fuego y lo haremos juntos. 

—No somos Magus Regis, Feres.

—Otro con lo mismo. Si es que de tal palo…—rezongó observando el avance de las llamas —. Sí, ya sé que somos unos pipiolos sin experiencia, pero debemos acabar con esto. Y sé cómo hacerlo.

—Muy bien, te escuchó. Aunque ya te aviso que lo único que puedo dominar es la tierra y un poco el viento.

—Suficiente. Al menos sabes hacer algo más que yo. Sacaremos el oxígeno que rodea el fuego y que este consume…

—…y de este modo se apagará —terminó Menesteo —. Es lo más lógico que has dicho en mucho tiempo.

—Siempre digo cosas lógicas, mi querido tebano —le sonrió —. ¿Listo?

Menesteo asintió y los dos alzaron las manos, concentrándose en el viento que los rodeaba en un radio de diez metros a la redonda. Feres sintió que sus partículas, sus células y átomos se fusionaban con el viento y se vio en su mente cogiendo cada una de las partículas de oxígeno del aire que el fuego quemaba para conseguir el combustible que necesitaba para vivir. 

Para existir.

De este modo, poco a poco, y avanzando sin detenerse, Feres y Menesteo fueron testigos de cómo aquel fuego imparable iba muriéndose poco a poco, metro a metro, sintiendo en sus carnes sus gritos de agonía. 

Unos que no pensaban escuchar.   

***

El Tártaro debe de ser algo así, pensó Meleagro una vez en la acrópolis. 

Las llamas allí, menos amenazadoras que las que destruían la parte meridional de Micenas, todavía ardían y carbonizaban aunque a menor medida porque quedaba poco que desintegrar.

Todos los templos habían sido destruidos y las calles estaban llenas de muerte. Cadáveres a medio quemar, carbonizados… A Meleagro no le cabía duda de que muchos habrían muerto asfixiados antes de que el fuego los reducirá a huesos con restos de carne adheridos a estos.

Temiéndose lo peor, con el corazón casi a punto de detenérsele en el pecho, Meleagro recorrió aquella necrópolis horrenda y nauseabundo donde antes se había alzado un lugar hermoso y esplendoroso lleno de vida. Como todas las demás edificaciones, el Templo Mayor estaba también en ruinas. Las columnas que habían sujetado toda su estructura, el techo de dos aguas, el frontón, las métopas… Todo había quedado hecho escombros, unos ennegrecidos que presentaban un paisaje de desesperación. 

Recurriendo a todo su entrenamiento de soldado hoplita, Meleagro se introdujo en lo que quedaba del templo, vigilando dónde pisaba sin querer escuchar la urgencia de su corazón. Sin querer, en verdad, encontrarse con lo que más temía.  

En la celda principal del templo, donde había estado erguida la escultura de bronce de una antropomórfica Tarpeya, encontró un cuerpo reducido a huesos, un brasero de bronce intacto, restos de vidrio y la escultura monumental deformada y doblada por la mitad en el suelo. Aquella había sido la zona cero, el origen del fuego. 

El tebano apretó los puños.

Orestes estaba muerto.

Los temores que le contara el día de su llegada, el presentimiento y los informes de sus espías de que había una conjura contra él, habían resultado ser ciertos. Y él no había estado a su lado para protegerlo y ayudarlo. Para poder morir a su lado luchando. 

El sonido débil de una tos lo puso en alerta y se volvió hacia la estatua de Tarpeya. Un rayo de esperanza se iluminó en su pecho cuando cayó en la cuenta de algo. Los braseros y la estatua de bronce no habían sido pasto de las llamas mágicas.

¡Porque el bronce es un aislante de la magia!

Entonces…

Sin perder un segundo, Meleagro fue hacia la estatua y, bajo ella, en el lugar donde estaba doblada, un Orestes magullado, con quemaduras no demasiado graves y bastante humo en sus pulmones, lo miró.

—¿Has venido a salvarme? —le preguntó con los ojos lloroso y un deje de emoción y sorpresa en su voz ronca. 

—Por supuesto. Juramos protegernos el uno al otro. Y yo siempre cumplo mi palabra.

Con una sonrisa cansada, pero también de complicidad y cariño, Orestes cerró los ojos y dejó que Meleagro lo cogiera en brazos. 

Era hora de volver a casa.
Juntos. 


***

Los daños causados en Micenas fueron graves, pero eso no acabaría con el espíritu de supervivencia y superación de los micénicos. 

El estrategós, convaleciente, pero milagrosamente más restablecido de lo esperado, reunió en el palacio a los magistrados y se hizo un plan de rehabilitación de la ciudad acudiendo al tesoro personal del estrategós además de al público. 

Cierto era que las cosas tardarían años a volver a ser lo que fueron, pero poco a poco lo conseguirían. 
Unos golpes en la puerta de su despacho le hicieron alzar la vista de las tablillas de cera donde estaban anotados las cantidades de dinero necesarias para habilitar las viviendas arrasadas y para la reconstrucción de la acrópolis. Orestes sabía que una campaña militar sería necesaria para conseguir el oro y la plata que necesitarían para alzar de nuevo Micenas. 

—Adelante.

La puerta se abrió y Feres apareció frente a él, el rostro serio, el pelo bien recogido en una cola baja y una clámide azul celeste sobre su quitón. A Orestes no le pasó por alto que aquella vestimenta tenía un único significado.

—¿Tú también me abandonas para irte como Éaco?

—No vas mal desencaminado —reconoció caminando hasta ponerse frente a su escritorio —. Voy a irme a Corinto a pasar unos días con mi hermana.

—¿Y luego qué? ¿Qué espera hacer un chiquillo de dieciséis años? 

Feres se sacó un documento de debajo de la clámide y se lo entregó a su padre. Orestes lo cogió y le echó un vistazo. Era un papiro con el sello de la academia Dioscuroi donde se leía que habían aceptado su solicitud para entrar como magus Nigromante Básico. 

—¿Vas a irte a Isla Tiberina? ¿Quieres ser un Magus Regis?

—No es que sea algo que me entusiasme, la verdad. Pero es lo único que se me ha ocurrido para poder seguir adelante y no estancarme. Para alejarme de ti y de tu influencia. 

» Padre, jamás podré ser lo que esperas de mí. Odio la estrategia y odio la guerra, pero quiero ayudar a los demás y quiero adquirir todo el conocimiento posible mientras viva. Y eso es algo que la academia puede darme y que, cuando sofoqué el incendio, comprendí. 

» La magia mata, sí, pero también es fuente de vida.  

» Soy un Nigromante y esa capacidad de dominar los elementos, bien ejecutada, podrá salvar vidas. Y eso es lo que deseo: salvar y no matar. Y, si me quedo, tendré que ir a la guerra que planeas para conseguir el oro que necesita Micenas. 

Cuando Feres calló, Orestes no pudo evitar echarse a reír.

—Muy listo. Siempre lo has sido. Tu hermana se ocupó de ello sin que yo me diera cuenta. —Le entregó el papiro —. Ahora estás fuera de mi influencia, pero estás bajo la de los magus. 

—Puede, pero mientras esté con Menesteo, no me importa.

Su padre parpadeó y Feres sonrió.

—Parece que Éaco no es la única «desviada» de la familia. Tal vez todos los seres humanos seamos desviados. Si es así, no creo que sea algo malo.

Dándose la vuelta, Ferese fue hacia la puerta, abrió la hoja y antes de marcharse dijo:

—No eres un desviado, padre. No niegues lo que en verdad eres.

De nuevo solo, Orestes se echó hacia atrás en su asiento de respaldo alto. Contempló el techo unos segundos antes de echarse a reír de nuevo. Sus hijos lo habían derrotado por completo.

—Malditos mocosos. ¿Cómo se atreven a darme lecciones? 

Levantándose de la silla, el hombre se dirigió hacia la entrada del palacio donde Feres y Menesteo se despedían de Meleagro con sus petates bien atados a los caballos. Entre bambalinas, el estrategós observó a los chicos subirse a sus monturas y marcharse hacia Corinto antes de ir hacia Isla Tiberina y abrazar su nuevo destino. 

Tal vez haya llegado la hora de que yo haga lo mismo. 

Con una sonrisa, Orestes se acercó a Meleagro y colocó una mano en su hombro. El tebano lo miró sorprendido antes de corresponder a su sonrisa y abrazarlo por la cintura.
Había mucho trabajo por hacer, pero sabía que, de ahora en adelante, lo harían juntos.

***

—¡Mira, una estrella fugaz!

El grito de Feres hizo que alzara la cabeza de los trozos de carne ensartados y puestos al fuego, justo a tiempo de ver la estela de la estrella.

—¿Has pedido un deseo? —le peguntó.

Feres abrió la boca.

—¡Otras! No lo había pensado.

Menesteo se echó a reír, pero paró cuando vio que Feres lo miraba consternado.

—¿Por qué me miras así?

—Porque no me acostumbro a que seas tan expresivo. ¿Dónde ha quedado esa maravillosa sofrosine de la que siempre has hecho gala?

—Tú has acabado con ella. La mataste el día que me dijiste que me querías.

—Hmm. Me parece bien. ¿Los ves? Soy una maravilla. 

Menesteo lo abrazó por detrás y apoyó la cabeza en su hombro.

—Desde luego que lo eres.

Los dos se quedaron así un rato hasta que una nueva estrella cayó del cielo.

—Ahora sí que he pedido un deseo.

—¿Cuál?

Feres se volvió hacia él sin romper su abrazo y clavó los ojos en los suyos.

—Poder estar siempre así, juntos, bajo las estrellas. 

—Eso es algo que ni los dioses podrían impedir. 

El tebano acercó su rostro y los dos se fundieron en un beso tierno.

No sabían qué les depararía el futuro ni qué encontrarían una vez llegaran a Isla Tiberina. Pero habían decidido estar juntos para siempre y aquel era el único modo en el que podrían vivir sus vidas siendo lo que eran sin renunciar a aquello que siempre habían soñado, aquello para lo que habían nacido. 
Porque la felicidad consiste en poder unir el principio con el fin.

Y ellos, de ahora en adelante, siempre serían el principio y el final.

El infinito bajo un manto de estrellas. 


Muchas gracias a todos aquellos que habéis acompañado a Feres y Menesteo en su aventura. Esto, empero, no es un adiós sino un hasta luego ya que otra historia mucho más grande acontecida en Tarpeya espera ser contada. Así que, espero que pronto podáis acompañar a mis personajes de nuevo en una nueva aventura más grande, llena de magia y de personajes no normativos que luchan por ser quienes son. 

Ester.