«No sabes lo que me cuesta contenerme en la oficina. Querría tocarte todo el rato, Suzume».
SINOPSIS
Tras una década sin pareja, Suzume Tôjô (40 años) por fin vuelve a tener novio. Por si fuera poco, se trata de un guaperas diez años más joven llamado Keishi Tanaka. Ahora mismo, el principal desafío de Suzume es mantener su vida pública separada de la privada. Conscientes de que en cuanto bajan la guardia los dos se dejan llevar por el amor, Keishi y Suzume acuerdan unas cuantas reglas que tendrán que cumplir... El romance entre el jefe y su subordinado continúa... Cada vez más auténtico, cada vez más maduro.
- Lee la reseña del primer volumen
ANÁLISIS DEL VOLUMEN
Dentro del Boys'Love japonés, no es raro que una obra que, en un principio, estaba destinada a ser un tomo único consiga sacar una secuela o un spinoff o, en el mejor de los casos, transformarse en una serie abierta que ya no sabemos cuándo acabará (y también nos da un pelín igual porque queremos más). Este último caso es el que tenemos con 10 cosas que quiero hacer antes de los 40, de Mamita, una obra que fue en Japón un auténtico bombazo, y lo que fue un capítulo extra en la revista donde se publica la obra después de Nochebuena donde Suzume y Keishi celebran el día de Navidad juntos como pareja oficial, se transformó en un segundo tomo y, hace poco, la mangaka anunció que habría un tercer volumen; algo que no es nada descabellado porque este manga ha tenido una adaptación en forma de serie a imagen real que también a gustado muchísimo.
En resumen, 10 cosas que quiero hacer antes de los 40 es un éxito indiscutible en Japón y fuera del país, así que la editorial Libre le ha dado luz verde a Mamita para que haga lo que considere. Y eso, amigas mías, es algo bueno para todes. Porque este segundo volumen no solo mantiene el nivel del anterior, sino que redondea muchísimo a los personajes y al lector le da otra dosis de confort que, en los tiempos que corren, necesitamos cada vez más.
Pero las cosas no son nunca como esperamos que sean y, contra todo pronóstico, en la mañana del día 25 de diciembre, Suzume se despierta con cuarenta tacos y con un novio guapísimo a su lado.
Adiós a la soltería, hola a los primeros meses de relación sentimental.
A partir de ese momento, Suzume y Keishi establecen toda una serie de reglas que tienen que cumplir para que nadie de la empresa se enteren de que están juntos. Lo primero es mantener la distancia en la oficina; lo segundo, que Keishi no lo llame por su nombre, sino por el apellido; y lo tercero, que Suzume no le dé un trato de favor por ser su novio, ante todo es su jefe. Si estas cosas se cumplen, el fin de semana, su tiempo de calidad como pareja, habrá una recompensa.
Continuando el desarrollo del romance de oficina adulto entre Suzume y Keishi, Mamita nos sumerge de nuevo en el día a día de esta pareja y en la maduración de su relación la cual es el eje central en este segundo volumen.
«Creo que he recuperado todos los besos que no había dado en una década».
Pasando el cumpleaños más pasional y la Navidad más mundana del mundo, Suzume lleva ya tres meses saliendo con Keishi y ha tenido que establecer tres normas muy sencillas para evitar que en la oficina descubran su romance, ya que el ser dos hombres no está ni aceptado ni bien visto en Japón y lo más importante para Suzume, como jefe, es salvaguardar su relación y su privacidad (recordemos que es una sociedad más homófoba que la española y que no hay leyes sobre matrimonio igualitarios ni ninguna que favorezca al colectivo LGBTIQ).
«Siempre tengo que verte borroso. Quiero ver el cuerpo de mi novio».
Porque a causa de su mala vista, Keishi no ve nada de nada sin sus gafas, y Suzume, entre que es diez años mayor que su atractivo novio y que no tiene un cuerpazo de infarto, tiene miedo real de que Keishi no sienta deseo sexual por él si lo ve completamente desnudo y a plena luz con las gafas puestas. Por ello, todas las veces que han tenido sexo, Keishi no ha podido ver a su novio, siendo un borrón, teniendo que guiarse por sus gemidos, por sus movimientos y no por poder ver su cara de placer. ¿Lograrán ambos ser sinceros el uno con el otro y solventar este escollo que impide que ambos puedan disfrutar plenamente este amor que los llena y que los está haciendo inmensamente felices?
Este quiere que su relación funcione porque estar con Keishi le hace superfeliz, pero también le preocupan muchas cosas como, por ejemplo, el que su novio lo vea desnudo cuando es un señor de cuarenta años y que, además, por tanto comer desde que están juntos, ha cogido unos kilos de más. Porque la diferencia de edad es uno de los hándicap de la relación, o al menos así lo ve Suzume.
Por su parte, Keishi está completamente fascinado y enamorado de Suzume. No solamente adora al jefe eficiente que sabe cómo tratar con sus subordinados y con los clientes, sino que idolatra y está completamente enamorado de ese Suzume que solamente él puede ver cuando van a una pastelería a comer tarta, cuando se toma un batido de moda o cuando se atreve a sentarse en su regazo para besarlo y dejar la comida para otro momento y dedicarse a devorarlo a él. Todo ello tiene tan hechizado a Keishi que solo desea una cosa: poder ver bien a su novio y emborracharse con esa carita tan adorable que tiene y ese cuerpo que lo enciende y que siempre quiere estar acariciando.
Personalmente, me ha encantado este segundo tomo y me alegro mucho que el éxito de la obra haya propiciado que Mamita siguiera narrándonos este romance, ya que 10 cosas que quiero hacer antes de los 40 es una obra tan sumamente mundana, pero que plantea cosas que son importantes en nuestra sociedad actual con naturalidad y sin crear dramas o conflictos innecesarios que es una perita en dulce para el lector. En pocas palabras: es un manga BL adorable.
Así pues, quienes hayáis gozado del primer tomo este segundo volumen os gustará igual o más que el primero.
La serie 10 cosas que quiero hacer antes de los 40 es una lectura de confort perfecta, no os perdáis la continuación de este romance adulto precioso que os dejará banditas y el corazón calentito y temblando de la emoción.






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