«Solo me falta un escalón. Tan solo eso».
Haruka Wakamatsu encara su primer trimestre como estudiante de preparatoria. Ya ha pasado un a?o desde que Shuuto Hachiya, estudiante de segundo de secundaria y dos años menor, hiciera le hiciera una declaración unilateral: «Cuando sea más alto que tú, quiero que escuches lo que tengo que decirte». Ahora que Shuuto ya le llega un poco por encima del hombro, vuelven a empezar los días en los que Haruka observa con cariño cómo crece a su lado.
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ANÁLISIS DEL VOLUMEN
«Pasaré todo el tiempo que pueda con él. Y crearemos recuerdos irrepetibles».
Ha empezado un nuevo curso y ya ha pasado un año desde que Wakamatsu conociera al pequeño Shuu, un chico dos años menor que él y bastante bajito para su edad. En ese año, Waka ha experimentado toda clase de emociones con Shuu, sintiéndose cada vez más unido al chico. Este año, al igual que el anterior, Waka desea seguir cuidando de Shuuto y pasar tanto tiempo juntos como le sea posible. ¡Pero Waka no contaba con que están en edificios diferentes!
Nunca dos año de diferencia había sido un mundo de distancia.
Wakamatsu, que acaba de empezar primero de bachillerato, está en otro edificio, separado de los estudiantes de secundaria. ¡Esto se traduce en que NO puede estar al lado de Shuu entre clase y clase! Y esto trae de cabeza al chico, el cual es como una mamá pato con su polluelo. ¿Cómo estará? ¿Se habrá comido el almuerzo? ¿Se despertará antes de que empiecen las clases después del descanso? ¿No se habrá olvidado nada en casa que necesite que le preste?
Y aun así, no veas el estirón que ha metido Shuu en el tiempo que no se han visto. Su carita ya no está tan aniñada, ha crecido y es mucho más consciente que antes de cosas que, por edad, todos los jóvenes sienten y van experimentando con la pubertad.
«Sentía una calidez creciente, y hasta que se me pasó, me quedé ahí, esperando sin saber qué hacer».
Pero Shuuto no es el único que está tomando consciencia del otro, ni tampoco es el único al que le están afectando sus cambios. Y es que Waka está comenzando a percatarse de lo que realmente está sintiendo por el chico; algo que ya comenzó a plantarse durante el año anterior pero que no podía germinar ante la inmadurez de Shuu y la suya propia. Ahora que tienen catorce y dieciséis años respectivamente, ambos sienten atracción física, la revolución de las hormonas y el cómo ese sentimiento de amor que se plantó está comenzando a florecer poco a poco.
«Cuando lo conocí, solo era un chico inocente que no tenía ni idea de nada... ¿Tanto se puede cambiar en solo un año?».
Separados por un edificio a causa de ir a cursos diferentes, Wakamatsu ha empezado bachillerato mientras que Shuuto es ahora un alumno de segundo de secundaria. Sin poder verse tanto como antes, ambos ahora comparten fotos y mensajes de texto gracias al móvil que le han comprado a Shuu, y ambos quedan cuando ambos tienen tiempo.
Como los años no pasan en balde, incluso solo uno puede hacer cambiar mucho a una persona, y eso mismo es lo que siente Waka al mirar a Shuu. Si bien todavía no son igual de altos, Shuuto ha crecido, le está cambiando la voz y hasta le ha salido la nuez. El chico está siendo hasta popular entre las chicas, y por ello está recibiendo declaraciones de amor, las cuales rechaza porque él sigue enamorado de Wakamatsu; amor que no tiene cuentas de desaparecer, sino que va en aumento con cada día que pasa. Con cada momento que pasan juntos. Y ahora hasta Waka se está interesando por el béisbol para poder tener más cosas en común con Shuu.
«¿Te acuerdas de lo que te dije el año pasado?»
Siguiendo el mismo patrón del primer volumen, Toriya Kou nos narra todo un año en las vidas de Waka y Shuu en una serie de episodios que no son largos, pero que incluyen toda esa información que necesita el lector para comprender la historia, la cual no deja de ser un romance en ciernes, un romance que crece y madura al igual que los jóvenes que lo están viviendo.
Como nuestros chicos son dos estudiantes, encontramos los típicos acontecimientos escolares que en los romances de instituto ayudan siempre a que las cosas entre los protagonistas avancen. En este tomo tenemos el Festival deportivo y el cultural, dos fechas señaladas en el que pasan dos cosas muy claves en este volumen y que tienen que ver con el deseo y el ser consciente de lo que uno siente.
Y esto último es fundamental también en este segundo tomo, el cual es el ecuador de la obra, y donde tenemos el nudo de todo. Porque si bien el lector sabe que Shuu está enamorado de Waka y sus intenciones de declararse cuando sea más alto que él, es aquí cuando Waka acepta finalmente que está enamorado de Shuu. Si bien para el lector era algo que tenía claro, el pobre Wakamatsu tenía dudas y miedos, hasta que ha llegado un punto en el que no puede seguir negándose ese sentimiento creciente que le hace latir el corazón con demasiada fuerza.
En Cuando florece el deseo tenemos más la visión positiva y normalizadora que la negativa, pero también aparece, puesto que la realidad es que hay personas que aceptan las distintas sexualidades y otras personas que no. En este sentido, Igarashi, el amigo de Shuu, y el hermano mayor de este último son dos pilares fundamentales que apoyan los sentimientos de ambos chicos y que no le ven nada de malo a que se quieran. Parecen dos personajes secundarios sin más, pero Igarashi es una muy buena persona y un amigo estupendo, alguien que apoya mucho a Shuu y que lo escucha cuando este le habla de Waka. Jamás lo ha juzgado por estar enamorado de otro chico. Es más, lo apoya y lo aconseja siempre que Shuuto lo necesita. Más amigos como Igarashi, plis.
Mostrando un cambio físico y psicológico respecto al primer volumen en nuestros dos protagonistas, Cuando florece el deseo vol. 2 es otro curso que se va, otro tomo supercompleto y hermosísimo que te hace vibrar en poco más de 130 páginas.
Tratando con sensibilidad una época tan trascendental como es la adolescencia, Toriya Kou nos demuestra que una buena narración no tiene por qué tener muchas páginas cuando sabemos qué contar y cómo contarlo.
Dulce, vibrante, divertida, sin dramas, adulta y fresca, este manga es una deliciosa lectura que se gana sin esfuerzos un hueco en el corazón.






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