«El que lo necesita soy yo. Yo solo quiero seguir al lado de Kakeru».
Kakeru y Yamato están en su mejor momento… hasta que nuevos sentimientos lo complican todo en el décimo tomo de Barreras del corazón.
Kakeru y Yamato visitan Kamakura en la última excursión de su último año de bachillerato. Mientras lleva a cabo sus funciones como delegado de clase, Kakeru disfruta de un rato agradable con Yamato en la ciudad. Entre tanto, algo extraño les sucede a Fujiwara, a quien le gusta Yamato, y a Mizukawa, que está en el mismo grupo que Kakeru...
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ANÁLISIS DEL VOLUMEN
«Será un amuleto. Para que hoy pases el mejor día de tu vida».
Después de hacerse novios, Yamato y Kakeru, dos amigos de la infancia, han llegado a tercer curso y, para su mala suerte, van a clases distintas. Y aunque ambas aulas están una pegada a la otra, ambos prácticamente no se ven. Superando una pequeña crisis en la que Yamato salió en brazos con Fujiwara, la chica más guapa del instituto y que está por Yamato, situación que provocó toda clase de rumores, Kakeru quiere vivir a tope el último curso como estudiante de bachillerato, y para ello toma la decisión de hacerse delegado.
Aunque para reto será el enfrentamiento con Fujiwara, la princesa del instituto, la alumna modelo que está interesada en Yamato y que quiere que Kakeru se aleje de él. Mas eso no es lo peor. Lo peor es conocer realmente su verdadera personalidad, una que solamente le ha mostrado a Kakeru y ha dejado a este anonadado porque no es para nada la mosquita muerta que parece ser; la niña buena y simpática. Y si una cosa tiene muy clara nuestro niño es que no piensa ni alejarse de Yamato ni renunciar a su novio por nadie, menos por esa falsa y retorcida joven.
Pasando algunas pruebas de fuego como delegado, llega el viaje de fin de curso a Kamakura y Kakeru forma parte de un grupo con sus nuevos compañeros, y uno de ellos parece que no siente ni un gramo de simpatía por él. Este chico es Mizukawa, un chaval que siempre se queja de todo y que Kakeru le parece un bobalicón.
Como véis, entre Fujiwara y Mizukawa, Kakeru está la mar de entretenido de distintas formas en un inicio de curso muy intenso.
Durante el primer día de excursión, Kakeru y Yamato pasan un poco de tiempo juntos antes de que se separen y que el joven delegado decida seguir a Mizukawa cuando este se marcha de sopetón y sin dar muchas explicaciones. Esto preocupa a Kakeru. ¿Y si se pierde? Con la ayuda inestimable de su novio, Kakeru encuentra a su compañero y lo ayuda en la auténtica razón por la que se ha separado en medio de la excursión.
Ante la nueva clase en la que está, sin Yamato, Kakeru vuelve a sentir los cuchicheos y los comentarios hirientes de las personas que no los conocen y a los que les sorprende que Kakeru sea amigo de la infancia de Yamato cuando ambos parecen no tener nada en común. Es más, uno de ellos es muy guapo, buen estudiante y popular entre las chicas y el otro no tiene ningún tipo de cualidad que lo haga merecedor de estar al lado de Yamato. Pero nadie sabe la realidad que hay entre los dos (mucho menos su relación sentimental), pero para Kakeru, Yamato es muy importante para él porque lo acepta tal y como es y lo hace querer ser mejor persona. También que quiera darlo todo en este último curso de instituto.
Superado el viaje a Kamakura sin ningún incidente más, llega la esperada competición deportiva entre las clases que enfrentan a todos contra todos en diferentes deportes. Será en este día que Kakeru descubrirá algunas cosas sobre Fujiwara que no sabía y que terminan de hacerle comprender lo que parece ser las auténticas intenciones de la chica. Aunque no será el único, Yamato también entenderá que lo que está haciendo Fujiwara esconde algo que nada tiene que ver con supuestos sentimientos románticos hacia él.
«Te pregunto que si te sientes mal contigo misma».
Al estar ya en el último curso de bachillerato, Kakeru tiene una cosa clara (aunque no sea precisamente lo que quiere hacer en la vida) y es vivir a tope este último curso antes de pasar a la vida adulta. Para ello toma la decisión de hacerse el delegado de la clase. Y esto es algo que, de no ser por su relación con Yamato, no habría hecho. Ser el novio de Yamato y no solo su mejor amigo lo está impulsando a querer superarse y vivirlo todo a tope, y esto implica salir de tu zona de confort para hacer más cosas que te den experiencias y que te hagan crecer como persona para mejorar.
Pero Mizukawa no es el único personaje que tiene protagonismo en este tomo, sino que quien tiene mucho peso como tercera en discordia es Azusa Fujiwara, la chica más popular y guapa del insti. Porque no solamente es preciosa y amable con todos, sino que también es muy buena estudiante y siempre queda segunda en los exámenes, justamente por debajo de Yamato, el más listo del instituto y el que siempre queda primero.
Fingiendo ser quien no es para caer bien a todos, Fujiwara le muestra su auténtico rostro a Kakeru para dejarle a las claras que él no pinta nada con Yamato, que las personas deben saber cuál es su lugar en la jerarquía social (y la del instituto, claro está) y que las personas que no pertenecen a la élite deberían conformarse con mirar desde la distancia. Obviamente, Kakeru no está de acuerdo con ello, máxime cuando él y Yamato se conocen desde hace años y ahora son novios. ¿Cómo se va a separar del chico del que está enamorado?
«En ese caso, quizá él pueda entender cómo me siento».
El tema principal del tomo, y que me parece muy interesante de abordar, es la jerarquía social que se crea en los institutos y en las escuelas por los propios alumnos. Es decir, los mismos alumnos suelen clasificar a las personas a partir de los que son populares (los cuales suelen ser aquellas personas que destacan por ser guapas, buenos deportistas o excelentes estudiantes) y los del montón, los que no destacan en nada o solamente tienen una característica que no les da la suficiente potestad para ser populares y ser considerados una persona que debe pertenecer a una élite.
Pero tampoco nos engañemos. El tema de las élites viene de la propia educación, de la sociedad y de muchos productos que consumimos tanto culturales como de ocio que crean un imaginario que luego se traslada a las aulas. Al final, somos la sociedad que somos.
Y esto es lo que representa Fujiwara, esa supuesta élite a causa de su belleza, inteligencia y persona intachable. Pero nada más lejos de la realidad.
Mika nos muestra a través de este personaje las ideas que las personas se hacen de otros solamente por el físico o por cosas que en nuestras cabezas creemos que esa persona hace sin ninguna dificultad. Aunque no conozcamos íntimamente a la persona, en nuestras cabezas las apariencias hacen que nos hagamos una idea de alguien a través de clichés y de convenciones sociales que luego no tienen que ver nada con la realidad.
Este es precisamente un tema delicado del cual hablar, o el que plasmar en un manga de adolescentes y más de romance, pero es algo para reflexionar y tratar y Mika lo hace genial con el personaje de Fujiwara. Aunque lo mejor es el modo en el que todo se resuelve y cómo actúan Kakeru y Yamato ante esta situación. A mí me ha encantado, y aunque he echado de menos el que hubiera más momentos íntimos entre los chicos, creo que a veces hace falta dejar los romances de lado y tratar problemáticas reales y actuales que afectan al target al que una obra va dirigido. Porque si bien la ficción no debe estar para educar a alguien e sí, como requisito fundamental, sí que es una forma de hablar de temas y de mostrar algunas cosas que puedan hacernos reflexionar.
Dicho esto, no temáis, que si bien hay poco romance entre Kakeru y Yamato, cuando llegamos al final y podemos verlos juntos, ¡es para gritar! Hacía mucho que un tomo de Barreras del Corazón no acababa justamente en un cliffhanger. Y es de esos que te dejan mal y que no sabes si en el próximo tomo veremos un pelín de continuación (espero que sí) o pasaremos a otra cosa mariposa. Ala, con la miel en los labios.
Llegando ya a los diez tomos y sin que esta obra se haya quedado sin cuerda, Barreras del corazón sigue con mucha fuerza y sin desinflarse, sin que el lector sienta que encontramos situaciones de relleno o que no sirven para nada, porque todo ayuda a que Kakeru y Yamato crezcan como personas y maduren a la vez que se estrecha más su relación en todos los sentidos.
Siendo una obra para todos los públicos, estupenda para adolescentes y para quedarte blandita durante días, es de esas lecturas que te sanan el alma y el corazón.







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