«¿Hasta dónde has dibujado en tu mente el mapa de este bosque? Ese en el que tú te pierdes y en el que yo nunca podré encontrarte».
Una ninfa incapaz de amar y un dios que solo tiene ojos para ella. ¿Podrá Dafne escapar de su destino?
La flecha de Eros provocó en Dafne una cicatriz supurante. Para ella, que ha aprendido a odiar, el amor ciego de Febo no es más que un castigo, un yugo que le oprime la garganta.
Bajo un Sol arrogante que confunde el rechazo con un capricho, Dafne se va apagando. La culpa de estar destruyéndose a sí misma y la impotencia de ser manejada como una marioneta la devoran por dentro.
- Lee la reseña del primer volumen
-Gracias a la editorial por el ejemplar de prensa para su lectura y reseña
ANÁLISIS DEL VOLUMEN
«Mi corazón traicionó ese juramento hace mucho. Por eso, pensando que era un sueño, me abandoné a un placer engañoso».
Sin poder evitar sucumbir al placer que le descubre Febo Apolo, uno que llevaba anhelando desde que se enamoró del dios en las tierras de Artemisa, Dafne no puede evitar sentirse en una paradoja, en una dicotomía de la que no saber cómo escapar.
Porque ella se entregó al dios pensando que aquello no era real, y la culpa y el resentimiento de años de amor no correspondido parecen haber hecho mella en ella de una forma tan devastadora que lo único que desea la ninfa es marcharse de allí; escapar de las tierras del Sol y volver al bosque de la Luna para morir ejecutada por la flecha de Artemisa, como castigo por escapar y romper su juramento.
Pero lo peor de todo, lo que más le carcome a Dafne, es ver a Apolo tan enamorado cuando lleva años despreciándola y jugando ella, a pesar de saber lo mucho que ella lo amaba. ¿Por qué? Si no ha caído bajo el hechizo del dios de la mentira, ¿por qué la castiga de esa forma? ¿Por qué la trata como si la amara cuando no es verdad?
Sin aceptar que Dafne no lo ame, Apolo está más que decidido a hacer de Dafne su reina y su esposa. Sin consentir que la joven muera bajo las flechas de su gemela, teniendo a la ninfa bajo vigilancia por sus leales siervas, Apolo cumple con su ejercicio como dios del sol y vuelve a su palacio por la noche para estar con Dafne. Con su amor. Y aunque las palabras de la ninfa le duelen, Febo no está dispuesto a aceptar que ella no lo ame.
Eso es algo inconcebible. Nadie puede pasar del amor al odio en un día; en un solo instante.
Mas Apolo no tiene ni idea de los tejemanejes de Afrodita y de su travieso hijo, el niño Eros, como tampoco de la condena en la que él y Dafne están encadenados.
No importa. Apolo está más que decidido a disculpar el voluble corazón de Dafne y la confusión que siente por los años en las que no pudo prodigarle su amor. Es cuestión de tiempo y en cuanto la haga su esposa y con ello inmortal, tendrá todo el del mundo para que ella vuelva a ser esa Dafne que se ruborizaba con solo una mirada suya.
Bajo el dibujo de KKAM encontramos un romantsy trágico, erótico y hermoso en el que los dioses griegos y sus milenarias historias, las cuales han perdurado a lo largo de la historia humana, vuelven a cobrar vida bajo un prisma mucho más moderno, sensible, complejo y humano.
«Iré con cuidado para que no te duela. Así que deja que penetre en ti por completo, por favor».
Sin entender cómo ha acabado en las tierras del dios del sol, Febo Apolo, al cual ha amado con locura y en silencio durante años, a pesar de su voto de castidad a Artemisa y su odio a los hombres y su deseo de no casarse jamás, Dafne, en vez de ser feliz porque Apolo parece amarla, lo único que puede experimentar su mortal corazón de ninfa es odio y asco. No quiere que la mire con dulzura y amor, ni que la toque, la bese o sea amable. Le repugna cada caricia, cada beso y cada gesto de un supuesto amor que no entiende en qué momento deseo o por qué.
Siendo cruel y odiosa con la esperanza de que Febo la deje ir para morir o que él mismo acabe con su sufrimiento, la joven no consigue que esa divinidad deje de mirarla con un amor infinito que la asquea. Porque no se cree nada. Es imposible que Apolo, el mismo dios que hasta hace nada se burlaba de sus sentimientos desde la distancia, esté enamorado de ella y que la trate como si fuese un tesoro.
Pero eso mismo es Dafne para Apolo desde que la flecha de oro de Eros lo atravesó. A diferencia de la saeta de plomo que le lanzó a Dafne, la cual produce odio en el corazón, la de oro hace que florezca el amor y es esa enfermedad, esa maldición, la que está en el corazón de Apolo, el dios de la razón; aquel que decía y sigue diciendo que su característica es mucho más verdadera que el amor.
Deseando a Dafne con todo su ser, más allá de la misma razón que representa sin saberlo, Apolo colma a la ninfa de ese sentimiento que en ningún momento pone en duda. Porque él tiene claro que está enamorado de ella y que quiere hacerla su reina como lo está del amor que ella siempre le ha profesado de forma pasional e inocente durante años. ¿Cómo va a creer o aceptar que ahora no lo ama? Está claro que la joven está herida porque él tuvo que resistirse cada vez que se veían, pero ahora está dispuesto a resarcirse por todo el tiempo en el que no la adoró como se merece. Mas ese amor y esa devoción, al igual que la pasión, están rompiendo poco a poco a Dafne.
«Lo amaba con locura, pero ya no recuerdo por qué».
Siendo una reinterpretación que busca el profundizar en la mente y en el corazón de una pobre y desdichada ninfa que acabó convertida en laurel por miedo a la pasión y el amor del dios del sol, en este segundo volumen de Para Dafne, que contiene los capítulos del 13 al 25 del manhwa, vemos como Dafne vive en una dicotomía de la cual no sabe cómo escapar. Porque no puede entender por qué se enamoró de Febo o por qué lo desea tanto a pesar de lo mucho que lo desprecia. Sin poder saber que ese odio es falso, que se lo ha creado el poder de Eros, los verdaderos sentimientos de la ninfa están escondidos y la joven no puede parar de sufrir al no entender por qué tiene que vivir esa pesadilla de la que solo quiere escapar, aunque sea a través de la muerte.
Psicológicamente, Para Dafne es brillante, porque no solamente vemos de forma certera y sensible los sentimientos de Dafne, que la van rompiendo poco a poco, sino también el carácter de los dioses y qué características les dieron los griegos antiguos a sus deidades a través de todos sus mitos, las cuales vemos a la perfección en esta obra.
Afrodita, por ejemplo, está perfectamente creada y vemos la vanidad de la diosa de la belleza y la crueldad de la misma. No en vano se dice que toda rosa tiene espinas. La belleza y el amor tiene muchas caras y facetas, pasiones descontroladas que ella representa y que los mortales experimentan. Y eso mismo es lo que la diosa quiere enseñarle a Apolo a través del castigo que le ha impuesto a través de su hijo Eros. El que la razón no es superior al amor, porque el amor es un sentimiento más fuerte que hace que seas capaz de cualquier cosa. Igual que el odio. No hay razón que valga cuando el amor o el odio son tan intensos dentro de un corazón. No importa que dicho corazón sea el de un mortal o el de un dios.
«Si sigues pensando de esa manera amando a alguien, acabarás arrepintiéndote».
La mejor de ella es la psicología de los personajes, de todos, pero sobre todo de Dafne y Febo Apolo, los protagonistas de la historia. Aunque en estos dos primeros volúmenes de quien mejor vemos esto es de Dafne, también podemos ir vislumbrando los propios cambios de Apolo desde que está enamorado de Dafne y los estragos que la flecha de Eros han hecho en él. Con cada uno, tirando de un lado contrario, tenemos la personificación del odio y del amor-deseo, dos sentimientos que van de la mano. Porque no puedes odiar a alguien tanto sin haberlo amado previamente, y cada polo opuesto se representa de forma visceral y fidedigna a la realidad.
Y todas estas emociones el lector las siente gracias al increíble dibujo que nos muestra, además de belleza, los sentimientos de los personajes, pero sobre todo a la narración, a esos textos que están tan bien traducidos en la edición española y que nos transportan a esa época mítica en la que los olímpicos entraban en contacto con los simples mortales para entretenerse dentro de la monotonía de sus vidas inmortales.
La erótica está ahí para que el lector sufra con ellos, porque el horny-sad es otra de las características de esta obra. En esos momentos vemos las turbulencias en el corazón de Dafne, la cual se está partiendo a causa del odio y del deseo y el placer que siente cada vez que Apolo la posee. La historia no tendría sentido, ni sería tan dolorosa ni tan fidedigna a lo que son los dioses, sin esos momentos. Porque tenemos que ponernos en situación. Son dioses, seres que se creen superiores porque lo son al ser eternos, poderosos y dignos de amor y de admiración. ¿Qué deidad no se creería con potestad de poseer a un mortal? ¿Qué mortal puede odiar a un dios? Es que no tendría sentido eso. Por ello, debemos comprender que estos momentos, que son duros, son necesarios para la obra y para la propia idiosincrasia de los dioses griegos, unos que llevan siglos en nuestra cultura e imaginario gracias a todos los documentos que han perdurado en el tiempo. Para Dafne es un romantsy, sí, pero uno dramático y sufrido al igual que el mito original.
Así que, si os gusta todo lo que os conté en la reseña del primer volumen y lo que os cuento en esta, os animo a que le déis una oportunidad. La serie está acabada, no es muy larga y se goza muchísimo si te gusta el drama, la complejidad, las historias adultas, que haya erótica y que te hagan sufrir y a la vez no querer soltar a los personajes.



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